domingo, mayo 17, 2009

Amor y Bacon

Landelón tenía una hierbita en la boca, y yacía mirando a las estrellas desde lo alto de la Loma. El sombrero descansaba en una de las ramas de los almendros cercanos, mientras yo apoyaba mi espalda contra el tronco de un segundo árbol, y miraba las luces nocturnas de Badar en la lejanía.
- Es precioso, ¿neh?
- Me podría quedar mirándola toda la noche.
- ¿Cómo? ¿La hija pequeña del Rey ha vuelto a asomarse desnuda al balcón?
- Hablo de la ciudad, idiota.
- Ah, sí. Te llena de un sentimiento extraño.
- Te hace sentir... pequeño.
- Eso es bueno. Las cosas pequeñas hacen la vida interesante.
- ¿Como los pájaros cantando por la mañana?
- Ríete si quieres, Cuentacuentos, pero tengo razón. Si aprendes a que las cosas pequeñas, los pequeños momentos diarios te hagan sonreír, pronto te darás cuenta de que no conviene preocuparse por nada. Si algo tiene solución lo arreglaremos, y si no tiene solución, no ganas nada frunciendo el ceño y perdiendo el tiempo en preocuparte, ¿no?
- ¿No es esa una visión un poco desenfadada de la vida? Algunos dirían que es casi inmaduro.
- No viene mal ser un poco inmaduro. Mira los niños. No le piden nada a la vida, sólo un día más. Si un día más es todo lo que deseas, ¿cómo no vas a estar siempre sonriendo?
- Entonces, ¿no esperas nada de la vida?
- Quizás sea eso lo que me haga ser tan feliz. Que no espero absolutamente nada de la vida, salvo pequeñas cosas. Son las pequeñas cosas las que hacen hermosa la vida. Como el amor. Y el bacon.

viernes, mayo 08, 2009

Paraniñeces

Lo bonito de Neral, pienso siempre que llego aquí, es que no importa de dónde vengas. Siempre hay alguien dispuesto a conversar contigo. El barrio de los mercaderes de la capital ha sido el primero en ser reconstruido, y el bazar hierve de actividad en las primeras horas de la mañana.

Para muchos cuentacuentos, un público de uno es suficiente. No obstante, tenía la suerte de contar con una docena de niños a mi alrededor, con sus ojitos llenos de expectación clavados en mi y las manitas juntas alrededor de las rodillas. Un público con la edad media de cuatro años no da para muchos cuentos con mensaje subliminal, así que tuve que suprimirlo mientras enfatizaba el mensaje liminal.

"Érase una vez, una mariposa. Pero no era una mariposa cualquiera, no. Ésta era una mariposa muy joven, muy alegre, y a la que todos los animales del bosque querían mucho. La llamaban Piru, porque todas las mañanas se levantaba con el Sol para volar entre las plantas, despertando a todos los demás animales con su canción:

“Piru Piru Piru
Todos arriba
Que el Sol ha salido”

Y todos se despertaban cantando con ella: los saltamontes, las babosas, las mariquitas... Pero no todos los animales que Piru levantaba cada mañana estaban tan contentos. Estaba don Sebastián, el caracol gruñón, que siempre decía por lo bajo “Esta Piru es una maleducada. Todas las mañanas lo mismo, siempre despertándome con la misma canción”.

Y también estaba la Araña del bosque, que pensaba algo distinto. Porque lo que ella quería era comerse a Piru, y cada mañana se relamía pensando en el día en que se zamparía a la pequeña mariposa.

Un día, Piru se levantó con el Sol, como todas las mañanas, para revolotear entre las flores, mientras cantaba su canción:
“Piru Piru Piru
Todos arriba
Que el Sol ha salido”

Pero aquel día estaba don Sebastián de mal humor, y no se puso nada contento cuando Piru pasó a despertarle por su rama.
“¡Los grillos cricrí toda la noche y ahora ella pirupiru por la mañana!” exclamó furioso “¡Así no hay quien pueda dormir tranquilo!”

“Yo podría ayudarte a darle un escarmiento” le dijo la Araña “Piru sabe donde están todas mis telarañas, pero si me dejas poner una bajo tu rama ella se quedará enganchada y no podrá despertarte”

Al caracol le pareció una buena manera de darle su merecido a la mariposa, pero le preocupaba que la araña tramase alguna maldad.
“Pero no le harás daño, ¿verdad?”
“Claro que no” dijo la araña “Sólo la dejaremos ahí colgada un rato para que vea que no puede ir por ahí despertando a la gente”

Pero aunque esto dejó más tranquilo a don Sebastián, era mentira. Porque lo que la araña quería era comerse a Piru, y sólo pensando en ello se relamía.

Así que a la mañana siguiente, Piru se levantó con el Sol, cantando como todas las mañanas:
“Piru Piru Piru
Todos arriba
Que ¡Ay! ¡Socorro, me he quedado enganchada!”

“Si, mariposa tonta” le dijo la araña, mientras bajaba por la tela hacia ella “Estás atrapada y por fin vas a tener tu merecido”
“¿Pero por qué? ¡Si no he hecho nada malo!”
“Me despiertas cada mañana con tu canción” le gritó desde su rama don Sebastián “Sin importarte que yo quiera seguir durmiendo”
“¡Pero nunca me habías dicho nada! ¡Sólo tenías que decírmelo y hubiera dejado de despertarte!”
“Ya no le despertarás más” le dijo la araña, que cada vez estaba más cerca “¡porque te voy a comer!”
“¡Ey!” exclamó el caracol, que algo se olía “Dijiste que sólo le íbamos a dar un escarmiento” “¡Te engañé!”
“¿Con que me has engañado? ¡Ahora verás!”

Y entonces el enfadado caracol se dejó caer desde su rama sobre la araña, rompiendo la tela y liberando a la mariposa que volvió a volar libre, alejándose del peligro. La araña, enfadada porque su plan había fallado, volvió a su escondite para tramar más maldades.

Mientras tanto, alegre por haber escapado, la mariposa le pidió perdón al don Sebastián el caracol, y desde entonces, cada mañana, se levanta con el Sol cantando:
“Piru Piru Piru
Todos arriba
Que el Sol ha salido”

Pero al pasar bajo la rama del caracol, dice en voz muy bajita:
“Piru Piru Piru
Pero don Sebastián
Sigue dormido”

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. "

No existe mejor recompensa que un público agradecido. Lástima que esta vez no me dé margen a fijarme. Entre la creciente multitud de niños y padres que se acercan para escuchar mi siguiente historia, veo unos ojos oscuros sobre un velo negro que reconocería en cualquier parte del mundo. Por un momento creo que va a desaparecer, pero en lugar de eso, avanza hacia los niños y se sienta entre ellos, doblando grácilmente sus rodillas y abrazándolas como los demás pequeños.

Inspiro aire, nervioso, y pienso en cuál será mi siguiente historia.

Ésta será para Fátima.

jueves, mayo 07, 2009

Giralunas

Creo que la conversación la tuvieron a orillas del Dwat, después de hacer el amor. Fátima sostenía un giraluna en las manos, y con las uñas le sacaba las pipas, y las abría bajo su velo.

- La mayor mentira de los giralunas- decía mientras miraba la flor, redonda y azul- es que no miran siempre a la Luna, sino en dirección contraria al Sol.

- Supongo- le respondió Landelón, con el sombrero sobre el rostro- que es la señal de que en todo orden natural hay quien decide, por principio, ir contra corriente.