domingo, mayo 17, 2009

Amor y Bacon

Landelón tenía una hierbita en la boca, y yacía mirando a las estrellas desde lo alto de la Loma. El sombrero descansaba en una de las ramas de los almendros cercanos, mientras yo apoyaba mi espalda contra el tronco de un segundo árbol, y miraba las luces nocturnas de Badar en la lejanía.
- Es precioso, ¿neh?
- Me podría quedar mirándola toda la noche.
- ¿Cómo? ¿La hija pequeña del Rey ha vuelto a asomarse desnuda al balcón?
- Hablo de la ciudad, idiota.
- Ah, sí. Te llena de un sentimiento extraño.
- Te hace sentir... pequeño.
- Eso es bueno. Las cosas pequeñas hacen la vida interesante.
- ¿Como los pájaros cantando por la mañana?
- Ríete si quieres, Cuentacuentos, pero tengo razón. Si aprendes a que las cosas pequeñas, los pequeños momentos diarios te hagan sonreír, pronto te darás cuenta de que no conviene preocuparse por nada. Si algo tiene solución lo arreglaremos, y si no tiene solución, no ganas nada frunciendo el ceño y perdiendo el tiempo en preocuparte, ¿no?
- ¿No es esa una visión un poco desenfadada de la vida? Algunos dirían que es casi inmaduro.
- No viene mal ser un poco inmaduro. Mira los niños. No le piden nada a la vida, sólo un día más. Si un día más es todo lo que deseas, ¿cómo no vas a estar siempre sonriendo?
- Entonces, ¿no esperas nada de la vida?
- Quizás sea eso lo que me haga ser tan feliz. Que no espero absolutamente nada de la vida, salvo pequeñas cosas. Son las pequeñas cosas las que hacen hermosa la vida. Como el amor. Y el bacon.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

'Las cosas pequeñas hacen la vida interesante'
mmm me ha entrado un repente de querer bacon, jajajaja

Ester(illa)

Alethea dijo...

Creo que prefiero el jamón serrano al bacon...