jueves, mayo 13, 2010

Arrepentimientos

Antes de partir de Neral, Fátima me invitó a su casa. Sorprendentemente, es un loft con un agradable olor a vainilla, un mobiliario espartano pero sólido, y paredes llenas de espejos. Cuando entras, no tienes la sospecha de que existen armas ocultas en cada pieza de mobiliario, ni que todos los espejos están situados estratégicamente para evitar que existan puntos ciegos donde un allanador pueda ocultarse para pillar desprevenida a la hashashiyyin. En cuanto al aroma de vainilla, está ahí porque así le gusta a su propietaria.

Me acomodé como pude sobre un cojín mientras me servía té verde con menta, arrastrando mis ojos en cada movimiento. Fátima es una mujer atractiva, hipnótica. Si algo han perdido muchas de las jóvenes actuales, es la virtud de la elegancia, pero ella parecía sacada de un manual de danza. Era como si cada músculo del cuerpo de Fátima supiese dónde moverse, a qué ritmo hacerlo, y cómo permanecer ahí una vez habían realizado su función. Traté de recomponerme mientras su delgada silueta se sentaba a una distancia que le permitiría reaccionar si yo hacía algún movimiento brusco.

Es difícil ser completamente correcto con una mujer capaz de matarte antes de que te des cuenta de lo que has dicho. Recé para que mi enorme bocaza no recortase drásticamente mi esperanza de vida. Recé para que recordara que el Viajero le prohibió matarme.

- ¿Así que le estás buscando?
- Sí. No de forma realmente activa. Simplemente he optado por ponerme a seguir sus pasos, con la esperanza de cruzarme con él.
- Él te diría que seguir los pasos de otro no te llevará donde él está.
- Sí, eso es muy propio del Viajero. Pero también suele decir que lo importante no es la salida ni la llegada, sino el viaje en sí. Dice que viajar cambia a las personas.
- Y cura el nacionalismo. A mí también me lo ha dicho. Por eso me gusta oírte contar historias. Me recuerdas a él.
- Dime una cosa, Fátima.
- Pregunta, Hakawati.
- ¿Cuándo...?
- ¿... estaremos juntos? No lo sé. Soy una mujer paciente, Hakawati, porque también me han dicho que todo llega para el que sabe esperar.
- Se suele decir que la paciencia es la única cosa que cuanto más gastas, más tienes. Pero no comprendo que futuro esperas tener con él, si no sabes cuándo lo tendrás. Quiero decir, ¿niños? ¿familia? ¿Una valla blanca alrededor de una casa en el campo?
- No hay vallas blancas para mí. Pero aspiro a un tejado de bronce bajo el cual podamos estar los dos. Lo demás... puede llegar, o puede que no. Si nos queda tiempo. Pero eso no lo sabemos ninguno de los dos. Hay una sombra que espera con el reloj de cada uno de nosotros y nos cosechará cuando sea nuestro momento. Hasta entonces, mejor vivir sin arrepentimiento.
- Pero, si murieses mañana, ¿no te arrepentirías de no haber pasado más tiempo con él?
- Él sabe que lo amo con todo mi ser, y yo sé que ninguna otra de sus conquistas será jamás una sombra de lo que compartimos juntos. Ése es el pensamiento que me ha de acompañar cuando cruce a la Otra Orilla, y con el que puedo marcharme en paz.

3 comentarios:

Alethea dijo...

Es posible que este lo haya leído ya en el pasado?

Dídac dijo...

La leíste en original, en mi moleskine, mientras el post estaba en proceso de gestación.

Anónimo dijo...

mmm, ya decia yo q m resultaba familiar