martes, diciembre 22, 2009

Día de Trabajo

Se despertó en su casa, más allá del Quinto Anillo, con ilusión por hacerlo bien. Llevaba mucho tiempo esperando este trabajo. Se aseó y vistió con sus mejores galas, porque sabía que hoy estaría ante los ojos de todo el país. Cuando llegó a la plaza, su supervisor le dió unos últimos consejos, le puso un banderín en la mano, y le dió un par de palmaditas en la espalda a la vez que hacía una broma con respecto la paga que vendría al final del día.

Todos los demás estaba a su alrededor, esperando la señal convenida. Algunos llevaban varios años haciendo este trabajo, y en su rostro no se detectaba el nerviosismo que compartían aquellos primerizos. Todos en línea junto a la valla, o sentados en sus posiciones, apelotonados los primeros, pacientes los segundos, aguardaban que todo empezase para poder estallar de actividad.

No le preocupaba lo que el resto del mundo pudiera pensar, en caso de descubrir cuál era su trabajo. Él lo hacía y le pagaban, y no se preocupaba por preguntar nada más. Estaba allí porque lo habían considerado de confianza, sabían que no haría nada extraño ni estropearía toda la cuidadosa preparación de aquel día con un arranque de espontaneidad.

Y entonces empezó el desfile. Pensando en la cantidad de cosas que pagaría con el salario, alzo su banderín, puso su mejor cara de alegría, y comenzó a corear los himnos del Partido.