domingo, octubre 24, 2010

Réquiem por el amor de otros tiempos

El enero de 2008 enfriaba las calles de Pamplona. Cada vez que leo lo que escribía por aquel entonces, siento que mucho ha cambiado. No sólo en mi manera de escribir, sino también de pensar, de asumir las cosas.

Conocía por aquella época un poeta con el que comparto algún apellido. Pese a que ningún otro vínculo que no sea la amistad nos une, considero que la vida en general no le ha hecho justicia.

Ayer hacía limpieza en mi casa, y hallé, escondido en el fondo de un cajón en el que, entre otras cosas, guardaba el mes de Abril, y recordé lo que ese poeta me respondió cuando yo, joven y arrogante, le afirmé que en los tiempo que corren había sitio para el amor romántico, el que Buttercup llama amor "verdadero". Le dije que aun hay esperanza, que se puede amar como antes. Y el me dijo:

"Se nos ha muerto el amor

Se nos ha muerto el amor, amigo Dídac, y a nosotros ¿qué si por azar ha tenido un vástago en este nuevo siglo?

Sin duda serán más felices, y nosotros creeremos que quieren creer que lo son aunque creamos que sea una mentira, quienes lo reconozcan como hijo del tal padre y acepten sus nuevas vestiduras. Para mí, son gélidas. Creer, no obstante, siempre fue gratis. Siempre ha sido un acto libre.

Se nos ha muerto el amor. Seguimos creyendo en él, aún muerto. Nos quedamos solos. Queda dentro de nosotros, a modo de nicho, su cadáver incorrupto, embalsamado por aceites de épica antigua y por una mortaja más caliente que esos ropajes que decía, recamados de globalidad tan brillante como cancerígena y decadente.

Se nos ha muerto el amor. Dentro de nosotros. No está ahí fuera ya, presto a guiar las manos temblorosas de los amantes hasta entrelazarlas. Perdidos, sólo podemos amarnos a nosotros mismos, que es como amar su recuerdo perenne.

Quizás sea lo mejor. Si es cierto que hacemos sufrir a quien amamos, ¿es lícito dudar ante la inmolacion que nos aguarda mientras el nicho, éste nicho de carne y hueso, espera su turno para formar parte de esa siniestra muñeca rusa? ¿Es lícito atormentarse en vida por aquello que siempre estuvo muerto?

Se nos ha muerto el amor, amigo Dídac. Ése fue sólo mi pésame."

Y yo no supe qué contestar.


lunes, octubre 18, 2010

La diferencia

Amistad es cuando, después de que reconozcas avergonzado que tienes niveles de Bardo, te dicen "bueno, y al menos dos de Pícaro".

Amor es cuando te confiesan sinceramente que eres tan cómodo como los asientos de un Audi A4.

viernes, octubre 15, 2010

Por Siempre

- Siempre podemos ser amigos.
- Siempre has sido una gran mentirosa.

lunes, octubre 11, 2010

De mayor quería ser...

"Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura".

(Cortesía de Salinger, que sabía de qué iba la cosa)

viernes, octubre 08, 2010

Destinos: Comida para uno

Receta para unos auténticos "Spaghetti à la Leftovers"

Ingredientes:

- Spaghetti.
- Al menos otro tipo de pasta.
- Media pastilla de Avecrem o similares.
- Tres o más ingredientes adicionales, como por ejemplo los siguientes:
* Salchichas
* Bacon
* Pollo
* Carne picada o Hamburguesas.
* Jamón de York
- Aceite de oliva.
- Sal
- Cualquier especia y/o elemento que pueda ser empleado para preparar una salsa, i.e., nata, tomate, orégano, pimienta negra.
- Un Viajero.

Es importante que a lo largo del proceso de preparación e ingestión que no esté presente ninguna fémina, pues arruina el resultado final del Spaghetti à la Leftovers.

Póngase a calentar agua en una cacerola pequeña en la que hemos vertido un poco de sal y aceite. Cuando esté hirviendo, póngase a cocer la pasta, sin importar su tamaño, forma o marca. En una sartén limpia con un poco de aceite de oliva, fríanse los ingredientes adicionales. Para que sea un auténtico Spaghetti à la Leftovers, deben ser pequeñas porciones restantes de envases de gran capacidad, cuya fecha de caducidad esté peligrosamente cercana en el tiempo (haya sido rebasada o no). Se recomienda trocearlos con anterioridad. En la misma sartén, prepárese la salsa sin sacar los ingredientes, para que éstos cojan sabor.

Tras siete minutos de cocción, esté en el estado que esté, escurrase la pasta, sírvase en platos y vuelque encima, con generosidad, los ingredientes fritos y la salsa caliente.

Finalmente, mientras se degusta, haga que el Viajero camine dentro del comedor y pruebe de los mismos. Con ello conseguirá que los Spaghetti à la Leftover no sólo adquieran un sabor más intenso, sino que además logrará que el Viajero salga de la casa anunciando su intención de buscarle a Ud. una mujer, antes de que se acabe envenenando.

jueves, septiembre 23, 2010

Soluciones que Garanticen Arte Especulativo

El pequeño paseo que rodea la Ciudad Prohibida tiene un encanto especial por la noche. Landelón nos contó que era su sitio preferido para traer a sus conquistas al borde de la madrugada, cuando ningún local satisface tus necesidades pero aún es pronto para marcharse a casa. Tirados en una parcela de césped, el segundo bien más escaso de Pekín, el Extraño dejó de caer una de esas frases categóricas que deja resonar en el silencio que inevitablemente las sigue.

- Absolutamente todo puede ser considerado arte.
- ¿Incluso lo que hace Málevich?- fue la respuesta del Viajero, pasados los tres segundos de rigor.
- No me refiero a obras. Me refiero a actividades.
- Ah. Es decir, ¿pintar es un arte?
- Es un medio para producir obras de arte, por lo que sí.
- Entonces Málevich no pinta.
- Pinta, pero su producto no es arte.
- Dejemos a Málevich de lado - intervine, antes de que el espectro de la Artrista apareciese y nos destruyera a todos con citas y muestras- y centrémonos en rebatir la afirmación, ¿quieres, Viajero?
- Pero es que no creo que esté equivocado.
- ¿Y permitirás que eso te prive de un buen debate?
- Razón tienes. ¡No, Extraño, te equivocas!
- No lo hago, y lo sabes. Los japos son la muestra de lo que digo. Son capaces de convertir cualquier cosa en un arte. La escritura, la pintura, la inmovilización de prisioneros, el combate, el acoso sexual...
- Es decir, que cualquier actividad es susceptible de enaltecimiento al grado de arte si se le presta suficiente atención...
- Y doctrina. Tiene que haber una especie de cultura a su alrededor, una especie de formación en la cual una fracción de la población elabora todo un conocimiento con su propia terminología para definir situaciones o posiciones en las cuales un practicante se puede encontrar.
- ¿Y sólo eso basta para convertirlo en arte? Por esa regla de tres, el Wow es un arte.
- Puede.
- ¿Puede?
- Esa es la magia del arte. Que es consensual. Desafortunadamente, es tan subjetivo que lo que para alguien es arte, para otra persona no. De ahí, que siempre haya dependido de mecenas y negocios.
- Esta discusión no es sobre qué es arte y qué no, ¿verdad, Extraño?- Dije, viéndole los tres pies al gato.
- Dado que todo puede ser arte, y que aquellos que practican un arte sólo pueden ser recompensados por aquellos que reconocen dicha actividad como tal, ¿cómo de pretencioso resulta el deseo de ganarse la vida única y exclusivamente por una actividad que depende de la aprobación de un subgrupo de terceros para ser considerada digna de recompensa?

martes, septiembre 14, 2010

Herencias: Iniciativa

Un hombre sabio le dijo una vez a Landelón:

"Si llueve sopa, que te coja con cuchara"

Desde entonces, siempre lleva una en el bolsillo. Creo que no lo entendió bien.

martes, septiembre 07, 2010

Sorpresas

En Lianmahe, el canal que cruza Pekín, hay un barco. Varado e inmóvil, sirve ahora de bar para chinos y expatriados por igual.

Subo por las escaleras a la cubierta superior, donde el Extraño me esperaba cómodamente sentado. El Viajero, por su parte, acosa con desenfadada desvergüenza a una agradable expat de pelo rojo .
- ¿Lleva mucho?
- Desde que fuiste al baño, más o menos. ¿Ése es mi ron?
- Aarr- asiento, alcanzándole el vaso.- ¿Sabes que no le va a salir bien esta vez, verdad?
- Con un alpha del 5%, sí. Por lo visto soy el único que he visto la bandera arcoiris en la entrada.
- No, no lo eres. Pero yo soy el único que ha visto a la pelirroja besar a una rubia en la barra hace seis minutos.
- Parece acorde con mi primera afirmación. Éste es un barco pirata. Pirata, pirataaaaa.
- Eso ha sido homófobo y ofensivo.
- No lo ha sido, porque sigo aquí sentado. Calla, que ya viene...

- ¡No lo puedo creer!!- gime el Viajero, tomando asiento en nuestra mesa.- Dime que ése es mi vodka.
- Da. Déjame adivinar: es lesbiana.
- Sí. ¿Cómo...?
- Intuición masculina.
- Bueno, al menos tengo su teléfono y es agradable al trato. Será una cena divertida.
- Yo no lo haría. - dice el Extraño- Me incomoda el hecho de cenar con alguien que se ha acostado con más mujeres que yo.
- A mí me incomoda el hecho de que yo haya besado más hombres que ella.
- Y a mí, el que estemos manteniendo esta conversación. ¿Tiene nombre?
- Éso es lo increíble. Se llama Claire Wellington.
- No.
- Sí.
- Wellington de...
- Sí, de Los Wellington. De Charles y Margaret Wellington.
- No me lo puedo creer.
- No es por joder,- interviene el Extraño- que también, pero ¿qué os extraña? ¿Que Alithia nunca hablara de ella?
- Alithia jamás habla de nada.
- ¿Tengo que sacar el cartel de sarcasmo, Cuentacuentos?
- No, pero podrías levantar la mano, para aquellos que no dimos esa asignatura en secundaria.
- El Extraño tiene razón, pero aun así, Charles o Margaret podrían habernos contado algo.
- Seguro que están orgullosos de su primogénita, La Bollera.
- Levanta la mano...

Un incómodo silencio ensombrece la mesa, como si todos supieramos qué viene a continuación y nadie se atreviera a dar el paso.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien qué?
- ¿Soy el único que piensa en preguntarle sobre la voz de Alithia?
El Viajero y el Extraño intercambian miradas. Es el Viajero el que me contesta.
- No, no eres el único en pensarlo. Eres el único al que le importa.
- Oh, venga.
- ¡Trataron de matarme!
- ¡Le partiste el corazón!
- ¡Trataron de alimentar a su Rancor conmigo! ¡Éso no es de buena gente!
- ¡Pero...!
- Ya vale.- interrumpe el Extraño- Dídac, no creo que sea buena idea preguntarle por su hermana. No es buena idea relacionarla con su familia si ella no quiere.
- Pero...
- Pero, dado que no te voy a poder convencer para que no lo hagas, mejor te ayudo y así acabamos con todo esto cuanto antes.
- Gracias.
- No me las des. Esto será como arrancarte una tirita: el que va a sufrir vas a ser tú, aunque el que lo haga sea yo.

Guerra

Años después, los historiadores determinaron que no fue la ofensa la que inició el conflicto, sino el exceso de ganas de sentirse ofendido.

jueves, septiembre 02, 2010

Nota para los jóvenes y los americanos

Un chelín = Cinco peniques. Es más fácil comprenderlo conociendo el antiguo sistema monetario británico:

Las unidades más pequeñas eran cuartos de penique, medios peniques, monedas de tres peniques y monedas de seis peniques. Dos monedas de seis peniques = un chelín. Dos chelines = un florín. Un florín y seis peniques = media corona. Cuatro medias coronas = un billete de diez chelines. Dos billetes de diez chelines = una libra (o 240 peniques). Una libra y un chelín = una guinea.

Los británicos rechazaron el sistema decimal durante mucho tiempo porque lo veían demasiado complicado.

(T. Pratchett y N. Gaiman, "Buenos Presagios")

jueves, agosto 19, 2010

Sueñocidios

Somos muchos, pensé en cuanto el taxi me dejó en medio de Pekín. Muchos no, perdón, somos demasiados. Demasiados. Nos empujamos, nos apretamos, nos enfadamos los unos con los otros. Falta trabajo, falta amor, falta dinero, faltan muchas cosas porque los recursos son limitados, mientras que la población crece de forma exponencial. Las colas se forman en hospitales igual que en cuartos de baño. Los edificios crecen altos como panales porque nos reproducimos como obreras.

Somos demasiados. Cuando hace tiempo el Extraño y Landelón comentaban que el genocidio, por muy mal que estuviera visto, era la solución a gran parte de los problemas actuales, rechacé la idea por inhumana, por salvaje, por exagerada.

Pero luego veo a la gente protestar. "¡Qué mal funciona la sanidad!" dicen, "las listas de espera son interminables". Claro, señora, es lo que tiene que no seamos dos millones, sino doce. "En Suecia las cosas funcionan mejor, son más avanzados". Tiene razón, caballero, pero sus leyes de inmigración son mucho, mucho, mucho más severas que aquí. "Ningún ser humano es ilegal", responden enseguida los más jóvenes, cuando se esgrimen argumentos como el anterior. En efecto, no lo son. Usted puede tener dieciocho hijos, si lo desea. Pero no confíe en la supervivencia de todos. El derecho que usted defiende es a la vida, no a la vejez.

Las voces dentro de mi cabeza discuten y se pelean entre sí, hasta que mi conciencia parece un patio de recreo. O peor, el Congreso de los Diputados. Entonces duermo, y llegan las pesadillas.

A veces me despierto por las noches, envuelto en sudor frío. Sueño con Meadows, sueño con apocalipsis zombis, sueño con esa estúpida versión cinematográfica de "Yo, robot" en la que sale Will Smith.

Y me da miedo, me da miedo pensar que tienen razón, que sobra gente, que necesitamos una limpieza general de la especie humana en general. Lo que más me aterroriza no es ser de la mitad que no pase la criba, sino que si la pasara y me pidieran que apretase el botón grande y rojo, no tendría dudas en hacerlo.

Me despierto por la noche, empapado en sudor frío, después de soñar que he inventado una solución para la raza humana.

viernes, agosto 06, 2010

Demudanzas

Así que dejé Pamplona, y me mudé a tierras más cálidas. Le dí dos besos a Inés y le dejé al Hombre del Piano muchas de mis cosas, para viajar ligero hasta encontrar un nuevo apartamento.

Landelón estrechó la mano del Hombre del Piano, y quedaron en reunirse en Navidad en Badar. A Inés le dio un último consejo.

No vuelvas a dejar que tus "puedo y no quiero" se conviertan en "quiero y no puedo".

martes, julio 06, 2010

Diálogos de Sobrecena

- No me gusta que me hagan elegir.
- ¿Cómo?
- No me gusta que me hagan elegir. Que me hagan proposiciones en forma de ultimátum. Especialmente las mujeres.
- ¿Por qué dices eso, Extraño?
- Sólo lo digo. Esa clase de situaciones límite tienden a terminar cuando escojo la otra cosa, sin importar cuán insignificante sea, sólo porque no me hace elegir.
- ¿Me estás diciendo que si Inés te dijera, "O esa cosa o yo", elegirías la cosa?
- Sí.
- ¿Incluso si fuese algo insignificante, como, no sé, un yogur?
- Especialmente si fuera un yogur.

jueves, junio 17, 2010

Lectoreando

- Disculpe, ¿es usted Dídac, Cuentacuentos?

La voz que me hace levantar la mirada de la moleskine pertenece a un hombre más cercano a los treinta que a los cuarenta, con unos profundos surcos bajo los ojos cuyas pupilas brillan con fiereza. Pese a que temo que no me vaya a pedir un autógrafo, asiento con la cabeza.

- Sí, soy yo.
- Me gustaría confesarle que me ha decepcionado usted. No es más que un embustero, a pesar de que yo le seguía.

Noto que la punta helada de la crítica me hiere en el orgullo. Quizás sea el hecho de decepcionar a alguien, y en especial a un lector, lo que le ha permitido atravesar mi habitual barrera de amor propio.

- ¿Podría decirme por qué, exactamente?
- Verá- dice mientras, siguiendo mi invitación, toma asiento frente a mí- He sido frecuente lector suyo desde hace casi dos años. Se lo he perdonado todo, los ataques de autoindulgencia, de autocompasión, el periodo de silencio mientras se ausentó, todo. Pero un día decidí comprobar si sus historias eran reales, si las maravillas que cuenta de Badar, de Neral y Kumei y todos lugares están al alcance de todos. Así que aprovechando unas vacaciones, marché al Mont St. Michel, donde usted afirmó que parten barcos hacia Badar. ¿Y qué descubro? ¡Que no hay ningún puerto en Mont St. Michel! Comprenda lo engañado que me sentí, señor Cuentacuentos. Si aquello no era cierto, no podía imaginar cuántas mentiras más contenían sus escritos.
- Tranquilícese. A ver si puedo explicárselo...

"Cerca de Mont St. Michel hay un importante y rico puerto deportivo amurallado, llamado La Rochelle. Allí amarra siempre un barco con Badar en su itinerario. No obstante, ni se moleste en buscarlo, porque no figura en ningún registro, y nadie sabe nada de él. La única manera de conseguir un pase es con el beneplácito del Práctico de Badar, con quien se puede contactar desde Mont St. Michel"

- ¿Y dónde podría conseguir ese pasaje?
- Desde Francia, a Badar, sólo se llega con invitación. Han visto lo que puede hacer la llegada masiva de extranjeros a un país, y no están preparados para ese futuro.
- Usted... ¿usted podría invitarme?
- Ésa era exactamente la pregunta que me temía oír, y a la que no quería contestar. No, no puedo.
- Disculpe la osadía, pero ¿no puede o no quiere?
- No puedo. Mire, leer es sólo la mitad del trabajo de un lector. Pensar en torno a lo que ha leído, es la otra mitad. Así que si, como afirma, es asiduo lector mío, se habrá fijado que Tenhime, habiendo sido mi compañera durante años, no pisó Badar. Ni la Artrista.
- Pero sí el Extraño y el Hombre del Piano. Pensé que era un patrón. ¡Todos son hombres!
- Lamento desilusionarle, pero no es así. Ellos consiguieron su invitación, independientemente de mí. Uno fue invitado por la propia Reina para tocar en la corte. El otro, ignoro cómo la obtuvo, pero fue para ver el concierto de Diana Laguna. Y luego está Alithia Wellington, quien sí fue a Badar por invitación del Viajero...
- ¡Ah! O sea que él sí puede invitar.
- Sí, Landelón tiene permiso para invitar a extranjeros al país. Así llegué yo.
- Y no podría pedirle que...
- No. Y en esto, señor, soy tajante. El Viajero es celoso con quien trae al Reino. Si lo desea, se lo puede pedir usted mismo, pero no le extrañe si se lo niega.

El hombrecillo parece abatido. Puedo comprender por qué. Pasó mucho tiempo antes de que el Viajero me llevara a Badar, y sólo fue después de escuchar mil historias que no hacían sino incrementar mi impaciencia. De la misma forma, ante mí, mi lector devoraba mis historias a la espera del mismo momento.

- Es por ella, ¿verdad?- dice de repente.
- ¿Cómo dice?
- Es por la hija pequeña del Rey de Badar. Ella no quería que pudiese invitar a nadie a Badar, porque no soportaría verle con Tenhime, o con cualquier otra mujer.
- ¿Ve? Ahora sí que es usted un buen lector.

martes, junio 08, 2010

Quejidos y monetes

Cuanto más tiempo pase aquí, -pensé mientras me enmarañaba en el violento atasco de la fotocopiadora- menos posibilidades tengo de salir. Y no ese salir consistente en aliviar la gris rutina insertando otra gris rutina de ir de bar en bar y tomar una copa tras otra hasta conseguir la osadía necesaria para ser rechazado por alguien del sexo opuesto, sino ese salir consistente en escapar de todo y cambiar de aires.

Con Landelón rumbo a Holanda y el Extraño en Badar (ayudando a Diana Laguna con no-sé-qué proyecto), quedábamos el Hombre del Piano y yo, copa en mano esa misma noche, para comentarlo.

- Hazlo.- Fue lo primero que me dijo. - No te queda mucho aquí: un trabajo malpagado que no te gusta, una Inés deprimidísima y yo. Hasta Perro se encuentra en una situación mejor que tú - el Extraño había abandonado a su mascota en un refugio de animales, que viene a ser algo así como una perrera para bichos raros.- Vete.

El Hombre del Piano se encoge, tras dejar su whisky sobre la mesa. Probablemente en su interior, un corazón de hierro oxidado se arruga al comprender que si yo me marchase, le dejaría prácticamente sólo.

- Pero tú...
- Constantemente oyes las quejas de Inés. O las mías. Pues si no haces nada al respecto, no seremos más que tres llorones que no paramos de quejarnos sin solucionar nuestros problemas, para poder seguir hundidos en nuestra miseria.

"Vete. Quizás si te marchas de Pamplona, yo encuentre las fuerzas para marcharme también. Así dejaremos de quejarnos y haremos algo por mejorar nuestra situación."

Estoy tan anonadado que no se me ha ocurrido una respuesta coherente antes de que él sentencie:

- Y si no, al menos podremos quejarnos de algo nuevo.

lunes, mayo 31, 2010

What are the odds?

Se encontraba a breves instantes de completar su sueño. Tras mucho esfuerzo, había logrado viajar a través del Tiempo para grabar en vídeo el momento en el cual Jesucristo se disponía a dar su famoso Sermón de la Montaña. Quizás fuese la forma en que se removió para enfocar lo que hizo que un curioso de la multitud le dirigiera su atención.

- Perdone, pero... ¿Qué es eso que lleva entre las manos?
- Es... esto... un Sextante. Se emplea para saber la posición de uno en medio de los mares.
- Pero los Sextantes no se inventaron hasta 1750. Antes de eso se empleaba el astrolabio.
- Oh, vaya.- bajo la cabeza, avergonzado, antes de replicar - Disculpe, y usted, ¿cómo lo sabe?

jueves, mayo 27, 2010

Escarchandras Chinas

No había estado en China desde que me dejó Tenhime. Nunca me había alejado mucho de Hong Kong, pero después del que encontrarme al Viajero y al Extraño en Badar, decidí que queríamos ver Pekín.

- Me he dado cuenta- comenta el Viajero mientras coge hábilmente un trozo de calabaza frita con los palillos.- de que todas las tiendas que venden un producto están unas al lado de otras. La competencia debe ser feroz.
- Ahá- respondo ausente, revolviendo las verduras de mi plato hasta marearlas.
- Dado que aquí todo es negociable, si no ofreces un buen trato, puede irse a la tienda de al lado.
- Aham...
- Salvo, claro está, que el dueño de todas sea el mismo..
- Aham...
- No me estás escuchando, ¿verdad?
- Ahám. ¿Qué?
- Ella no está aquí, Dídac.
- ¿De qué estás hablando?
- Da igual en cual de tus dos mujeres estés pensando ahora, déjalas atrás. Relájate, estás en China...
- Sabes que no puedo.
- ¿Sabes qué es una escarchandra?
- Ilumíname.
- La escarchandra es un ser supuestamente mítico que habita en Maan. Se alimenta de seres congelados, lo que le obliga a desplazarse a lo alto de las montañas o a regiones árticas en busca de alimento. El problema de la escarchandra radica en que se asemeja mucho a una boa: devora entera a su presa, y luego permanece quieta mientras la digiere.
- No veo el problema.
- Si la escarchandra engulle a una presa demasiado grande, pasa tanto tiempo quieta que muere congelada, convirtiéndose en comida para otra escarchandra. Por tanto, una escarchandra que quiera vivir mucho sabrá cuándo ha de comer, y cuándo algo es demasiado grande como para digerirlo de golpe.

lunes, mayo 24, 2010

Thus ends...

- ¿Tío?
- Dime, cielo.
- ¿Por qué esa chica está llorando?

Mi sobrina Helena hubiera aprendido a preguntar antes que a hablar, de no ser una cosa necesaria para la otra. Su curiosidad es insaciable, y ha desarrollado una habilidad innata para atraer la atención de los adultos hacia el objetivo que señala su dedo fino y moreno, como si de un puntero láser se tratara. En este caso, una mujer que llora abajo en la calle, frente a mi portal.

- Llora... llora porque es débil.
- ¿Llorar es de débiles?
- No, no, mi pequeña. Pero ella es débil porque ha descubierto lo que quiere, y se ha dado cuenta de que ahora está lejos y no puede alcanzarlo. Se ha dado cuenta que ha hecho las cosas mal, y que ahora no puede recuperar lo que tanto decía querer.
- ¿Y qué quería?
- Quería una persona con la que compartir su vida. Alguien en quien confiar para que le protegiese en los malos momentos, y alguien con quien reír en los buenos.
- ¡Ah! - exclama, orgullosa de haber llegado a la conclusión correcta - ¡Un novio!
- Más que eso. Un novio que no sólo la hiciera feliz, sino que lo fuera a su lado. Un compañero para toda la vida, para siempre, hasta el final.
- ¿Y qué pasó?
- Que fué débil. Quiso hacer las cosas fáciles, y no hay nada que se consiga sin sacrificio. Ella creía que podría tenerlo todo, sin darse cuenta de que tarde o temprano, se quedaría sin nada. Porque lo mejor en esta vida se consigue siendo valiente, esforzándote, y sacrificando cosas.

La mirada de Helena se divide entre la decepción y la duda, y presiento que he sido demasiado críptico esta vez. Explicarlo sería aún más complejo para una niña de su edad, así que decido dar la guerra por perdida, y terminar la discusión empleando el mejor argumento que tienen los adultos cuando se enfrentan a una situación así.

- Ya lo entenderás cuando crezcas. Y ahora ve a lavarte los dientes, que ya es muy tarde.

Al rato, Helena duerme apaciblemente, y yo invito a pasar a la mujer que lloraba frente a mi portal. Sobre la mesa le espera un cubo de helado de Dulce de Leche. Inés me abraza, y me empapa el hombro con sus mejillas aún húmedas.
- No va a volver- dice.
- ¿Y te sorprende? - le contesto, devolviéndole el abrazo.

jueves, mayo 20, 2010

Hasta nivel cinco es lo más duro

- ¡Oh, Dioses, ayudadnos!

Los campesinos gritaban aterrorizados mientras el monstruo de origen misterioso arrasaba la aldea. Nadie se atrevía a hacerle frente. Era un pueblo necesitado de un héroe.

- ¡Atrás! ¡Yo me encargaré de él!

El sacerdote, líder de la comunidad, miró hacia el héroe que acababa de aparecer. Su armadura de escamas resplandecientes, escudo recto y sin mella y su mano alrededor de...

- ¡Por todos los Dioses... es... es...!
- ¡Sí! -bramó el guerrero- ¡Una espada Dejadora en Coma de Dragones!

- ¿Dejadora en Coma?- el sacerdote enarcó una ceja. El guerrero se encogió de hombros, a modo de disculpa.
- No tiene ni idea de lo caras que salen las espadas Matadragones, Padre. Algunos nos tenemos que conformar con algo más modesto...

lunes, mayo 17, 2010

No le ofreció la Luna

- ¿Por qué no me recitas uno de esos poemas que escribiste cuando aun eras poeta?
- No lo he sido nunca, princesa. Ni cuando creía serlo. Siempre he sido lo que soy ahora. Un mentiroso. Un Cuentacuentos.
- Cuéntame uno, pues. Házlo por mí, no por mi hermana.
- ¿Y qué quieres que tenga? ¿Porcodrilos y pájaros ebanistas? ¿Caballeros y dragones?- sacude la cabeza, con una sonrisa en los labios.
- Ya sabes con qué lo quiero.
- No creo que sea un buen día para princesas y Viajeros.
- No me hagas insistir.- dice, acurrucándose a mi lado- Es mi cumpleaños...
- Está bien...

"Érase una vez... una Princesa. Era hermosa y buena, y..."
- Oh, Cuentacuentos, ahórratelo.
- ¿Quieres un cuento o no?
- Vale, vale, a tu manera.

"... y era apreciada por sus súbditos, pero pecaba de orgullosa. Así, cuando un Viajero se atrevió a besarla, ella se enamoró profundamente de él, y supo que no podría dejarlo escapar.

La Princesa lo persiguió allá donde el Viajero iba. Tras él cruzó el desierto de Kishka, navegó por el río Dwat. Camino por los puentes de las Islas de Maan, y alcanzó las cumbres nevadas de la Cordillera de Hueso. No lo alcanzó, pero en lugar del Viajero, encontró otras personas. Gente que le enseñaba cosas no conocía, le hablaba de lugares que no había visitado."

- ¿Y qué aprendió? - ronronea, acomodándose sobre mis piernas y cogiendo mi mano para que le acaricie el pelo.
- Aprendió... muchas cosas. Aprendió a hacer fuego en el campo, a encontrar el norte en un bosque y en un desierto.

"Aprendió a regatear en los bazares de Neral, a remontar el Dwat en las barcazas de los nómadas, a cabalgar como las Damas de Gabriela d'Yron lo hicieran durante la Guerra de Kumei. Y aprendió que el corazón del Viajero lo poseía una mujer, errante y vagabunda, cambiante como las arenas del desierto."

Con los ojos cerrados y en apenas un susurro, Ysabel me pide que siga.

"Así que la princesa se convirtió en guerrera, y aprendió el uso de la espada y la lanza, y encontró acero con el que vestir su cuerpo, y con el que acabar con su enemigo. Llegó el día en que pudo plantar cara a la mujer del desierto, en un duelo por el corazón del Viajero.

Luchó, espada en alto, con valor y con fiereza. Luchó sabiendo por qué lo hacía, conociendo el precio del fracaso. Combatió por el tiempo que había pasado persiguiendo al Viajero, por el tiempo que se había preparado para liberar su corazón de forma que pudiera ganarlo, por la vida que le esperaba a su lado.

Fue inútil. La asesina la mató con facilidad, y arrojó su cuerpo desde lo alto de un acantilado. Así murieron las esperanzas de que el Viajero se asentara y se convirtiera en el próximo soberano del pequeño Reino de la Princesa. No quedó nadie para buscar su corazón por el mundo, y por eso aún vaga por él sin descanso.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado"

Acaricio el largo pelo azabache de Ysabell, que duerme plácidamente sobre mis piernas. Con cuidado, me escabullo de su abrazo y la abrigo con las sábanas de seda de su lujosa cama, pero ella se despierta antes de que pueda salir de puntillas de la habitación.
- Lo siento... me he perdido el final. ¿Termina bien?
- Sí, princesa -le miento, depositándole un beso en la frente- Termina bien.

Cuando estoy a punto de abandonar la sala, su tenue voz me vuelve a detener.
- Una lástima que nunca dejase Badar para ir a buscarlo, ¿eh?. La de cosas que hubiera aprendido. La de batallas que hubiera librado...
- Estoy convencido de que aun tiene mucho que conquistar aquí. Batallas que puede no sólo librar, sino de las que puede salir victoriosa.

jueves, mayo 13, 2010

Arrepentimientos

Antes de partir de Neral, Fátima me invitó a su casa. Sorprendentemente, es un loft con un agradable olor a vainilla, un mobiliario espartano pero sólido, y paredes llenas de espejos. Cuando entras, no tienes la sospecha de que existen armas ocultas en cada pieza de mobiliario, ni que todos los espejos están situados estratégicamente para evitar que existan puntos ciegos donde un allanador pueda ocultarse para pillar desprevenida a la hashashiyyin. En cuanto al aroma de vainilla, está ahí porque así le gusta a su propietaria.

Me acomodé como pude sobre un cojín mientras me servía té verde con menta, arrastrando mis ojos en cada movimiento. Fátima es una mujer atractiva, hipnótica. Si algo han perdido muchas de las jóvenes actuales, es la virtud de la elegancia, pero ella parecía sacada de un manual de danza. Era como si cada músculo del cuerpo de Fátima supiese dónde moverse, a qué ritmo hacerlo, y cómo permanecer ahí una vez habían realizado su función. Traté de recomponerme mientras su delgada silueta se sentaba a una distancia que le permitiría reaccionar si yo hacía algún movimiento brusco.

Es difícil ser completamente correcto con una mujer capaz de matarte antes de que te des cuenta de lo que has dicho. Recé para que mi enorme bocaza no recortase drásticamente mi esperanza de vida. Recé para que recordara que el Viajero le prohibió matarme.

- ¿Así que le estás buscando?
- Sí. No de forma realmente activa. Simplemente he optado por ponerme a seguir sus pasos, con la esperanza de cruzarme con él.
- Él te diría que seguir los pasos de otro no te llevará donde él está.
- Sí, eso es muy propio del Viajero. Pero también suele decir que lo importante no es la salida ni la llegada, sino el viaje en sí. Dice que viajar cambia a las personas.
- Y cura el nacionalismo. A mí también me lo ha dicho. Por eso me gusta oírte contar historias. Me recuerdas a él.
- Dime una cosa, Fátima.
- Pregunta, Hakawati.
- ¿Cuándo...?
- ¿... estaremos juntos? No lo sé. Soy una mujer paciente, Hakawati, porque también me han dicho que todo llega para el que sabe esperar.
- Se suele decir que la paciencia es la única cosa que cuanto más gastas, más tienes. Pero no comprendo que futuro esperas tener con él, si no sabes cuándo lo tendrás. Quiero decir, ¿niños? ¿familia? ¿Una valla blanca alrededor de una casa en el campo?
- No hay vallas blancas para mí. Pero aspiro a un tejado de bronce bajo el cual podamos estar los dos. Lo demás... puede llegar, o puede que no. Si nos queda tiempo. Pero eso no lo sabemos ninguno de los dos. Hay una sombra que espera con el reloj de cada uno de nosotros y nos cosechará cuando sea nuestro momento. Hasta entonces, mejor vivir sin arrepentimiento.
- Pero, si murieses mañana, ¿no te arrepentirías de no haber pasado más tiempo con él?
- Él sabe que lo amo con todo mi ser, y yo sé que ninguna otra de sus conquistas será jamás una sombra de lo que compartimos juntos. Ése es el pensamiento que me ha de acompañar cuando cruce a la Otra Orilla, y con el que puedo marcharme en paz.

lunes, mayo 10, 2010

El mensajero indiscreto

Recuerdo aquella vez que estaba en el embarcadero de Badar. Los pies me colgaban del muelle, y cuando soplaba un poco de viento el agua se elevaba y me mojaba los dedos descalzos. Miraba con cierto aire pensativo a los barcos anclados frente al puerto, pensando en que quizás alguno de ellos podría llevarme aún más lejos de casa, más lejos de todo. Landelón se encontraba perdido en el Barrio de las Espadas, así que tenía un buen rato antes de que se reuniese conmigo, pero no me encontraba de humor para escribir.

El crujir de las maderas me avisó de que compartía el muelle con alguien, pero no me giré, pensando que sería algún pescador. Cuando la hija pequeña del Rey de Badar se sentó a mi lado, me dí cuenta de que me había estado buscando.

"Hola, Cuentacuentos. ¿Qué haces?"
"Nada. Pensaba."
"¿En qué, si se puede saber?"
" ¿Ves más allá de ese barco?"
"¿El "Espíritu de Florecita"? Claro. Está el horizonte. Por allá se llega a las Islas de Maan y a otros países que no conozco. ¿Es por ahí por donde se llega al tuyo?"
"No, no es por ahí. Pero sé que por ahí puedes llegar hasta Ishashi, si antes atraviesas Kumei o Neral. Landelón me habló hace poco de Ishashi, y pensaba visitarlo dentro de poco. Oh, en aquella época estaba loquito por una aventurera, una arquera llamada Cirle de Sauerbauden. Me hizo llevarle una carta a través de medio mundo, para poder llegar no sólo a sus ojos, sino también a su corazón"
"¿Qué decía? Seguro que te acuerdas, ¡cuéntamelo!"
"Bien, se parecía bastante a ésto...

Querida Cirle:

Los Sabios de Ishashi me piden que no te cuente mi sueño hasta que ellos mediten su significado, pero yo lo veo bastante claro.

Ayer soñé tu piel desnuda.

Yacías sobre la arena, con pequeños granos como único vestido, y el color de tu pelo se confundía con las dunas. Yo me acerqué a tí, y ví que dormías. Sin poder evitarlo, deslicé la punta de mis dedos por tu rostro, en una caricia breve, leve, tratando de no despertarte, ni alejarte de la paz que rodeaba tu cuerpo en el sueño.

Estabas bellísima.

Acaricié tus labios, tentando a la suerte, deseando acercar los míos. Pero entonces despertaste, y caí dentro de tus ojos. Desperté mirando fijamente las estrellas, observándome, desaprobando
mi actuación.

No pude volver a dormir.
No he podido volver a dormir.

Ni siquiera la tranquilizadora luz de las estrellas de Ishashi son capaces de calmar los latidos de mi corazón.

Ayer soñé tu piel desnuda.

Puede que esto te ofenda, que mi osadía al soñar contigo sea más de lo que eres capaz de soportar por mí.

Soñé que recorría tu piel con la punta de mis dedos.

Puedes enojarte, si es lo que necesitas, dirigir contra mí tu ira y tu enfado, y odiarme por aquello que no pude tener bajo mi control.

Soñé que acariciaba tus labios.

Pero por favor, no me niegues tu mirada. No me niegues tu presencia. Porque si me niegas tu compañía, sólo podré seguir buscándote en mis sueños. Lo siento, lo siento de veras.

Pero ayer soñé tu piel desnuda".

"Wow... es... intenso, Cuentacuentos"
"No es obra mía. Yo sólo fuí el mensajero. Es esta memoría mía, que me permite acordarme a pesar de todo el tiempo que ha pasado"
"¿Qué ocurrió con Cirle? ¿Y con el Viajero?"
"Se volvieron a ver. Landelón pudo volver a dormir, y a soñar. Y Cirle... Cirle tuvo un tesoro con un pañuelo amarillo durante un tiempo. Nunca menos de una noche. Nunca más de tres meses"
"Pobrecita... ¿el Viajero la abandonó?"
"Siempre ocurre igual. Una noche le susurraba palabras de amor al oído. A la mañana siguiente no estaba allí"
"Eso es cruel"
"Quizás. Pero no podía quedarse junto a ella mucho tiempo, de ninguna forma"
"Cuentacuentos... ¿Tú te quedarás aquí, para siempre?"
"No puedo hacer promesas que no estoy seguro de cumplir. ¿Me querrás aquí, a tu lado, para siempre?"

Ella se apoyó en mi hombro, y no dijo nada más. Nos quedamos en silencio, sentados en el muelle, hasta que atardeció por completo y el Sol desapareció en el horizonte, hacia Ishashi, Sauerbauden, y el sueño perdido del Viajero.

jueves, mayo 06, 2010

Por qué

Me pediste "Quédate"
y yo salí corriendo
dejando atrás vidrio roto
en un mar de descontento.

No quedan lágrimas de sal
ni palabras de aliento
sólo media botella de vino
y otra media de sentimento.

Mi grito es alto cual susurro
¿No entiendes lo que estoy diciendo?
Me pediste "Quédate"
y yo salí corriendo.

lunes, mayo 03, 2010

Hogarregresos

En verano, Landelón y yo solíamos viajar a Ishashi para descansar el mundo, bañarnos en sus cataratas, y jugar a extraños juegos de estrategia con los sabios. El año pasado Yanroud nos acompañó, y los tres juntos nos pusimos con los pies a remojo en una de las charcas, a la sombra de una manzano enorme.

- Dime, Viajero... ¿Cuándo fué la primera vez que viniste aquí?
- ¿A Ishashi? Sería hace cosa de unos doce años. Mi maestro hizo su último viaje, y quiso terminar aquí su vida de andanzas, para que a su muerte lo enterrasen a los pies de un manzano.

Era raro que Landelón hablase de su familia, pero no que lo hiciera de su maestro. Solía comentar aforismos suyos, casi siempre precedidos por la muletilla "Un hombre sabio me dijo una vez que...", una expresión que no tardé mucho en imitar al transcribir sus viajes. Fue un Viajero excepcional, un erudito de muchas materias, y un referente personal para Landelón.

Ishashi, continuó contándonos, no ha cambiado mucho desde entonces. Sus lomas siguen verdes, sus charcos, índigo profundo. La guerra de Kumei ha dejado una cicatriz en la frontera que llenó de refugiados, pero la tierra sana pronto y la gente ha enraizado con rapidez.

Mi maestro murió aquí. Me dejó poco más que un hatillo viejo y un sobretodo polvoriento, un sombrero de ala estrecha, un paraguas, y sus viejos anteojos. Me pareció tan pobre herencia que la compartí, porque cuanto menos tiene uno menos le cuesta desprenderse de ello. Ahora, parte de él está en Kumei, en Benus, en Loreandri y Eliandri, y aquí, en Ishashi, en los lugares a los que más veces regresó, y por tanto los que más amaba.

Porque a pesar de lo que siempre se dice del hogar, no es exacto decir que siempre esté con tus seres queridos. A veces no es más que el lugar al que quieres regresar.

domingo, abril 25, 2010

Re-Velaciones

Según me contó, amanecieron con los cuerpos entrelazados. Él no le encontró sentido, porque había sido una noche veraniega y él había estado caluroso y sudado tiempo después del sexo, pero ella no se alejó de su piel en toda la noche.

Desafortunadamente, la chispa del genio raya la locura, y en su caso, un puntito de insonmio.

Despertó pronto, mientras ella aún dormía. Incapaz e indispuesto a abandonar su abrazo, su mente comenzó a funcionar a toda velocidad, recapacitando sobre los pasos que los habían llevado a este amanecer desnudo y despreocupado.

Ella había llegado con lágrimas en sus ojos, pero afirmando estar bien. Tardó en sincerarse el tiempo que le llevó al microondas preparar una valeriana, a pesar de que él ya conocía la historia: Chica se enamora de chico equivocado (todos se lo habían advertido), chico equivocado le rompe el corazón, y ella llora sobre su hombro, jurando que no le volverá a pasar jamás.

Por más que le daba vueltas a la cabeza, no encontraba el factor que cambió la sesión habitual de abrazos y pañuelos por una de besos y preservativos.

Quizás fue cuando ella rechazó la valeriana y sugirió vino. O cuando ella se negó a beber sola y le sirvió otra copa. O cuando dijo que no se podía confiar en ningún hombre, menos en él. O cuando le besó mientras él tenía el "Sabes que no es verdad" en los labios. No, no fue cuando ella me besó. Fue cuando yo le devolví el beso.

Y se dió cuenta de tantas, tantas cosas que no había tenido en cuenta. Cosas que sólo en la claridad post coital tenían sentido. La primera, que acababa de cometer un error gravísimo, y por más que le doliera, sin solución.

La segunda, que ella no sólo no le quería, sino que jamás lo haría.

Aquella verdad le desgarraba por dentro como dos sierras girando en direcciones opuestas dentro de su hígado. Le reconcomía una culpa que él sabía que no debía sentir, pero ahí estaba. No se podía confiar en ningún hombre, menos en él, quien no duda en acostarse con ella cuando ella lo necesita. Porque no lo había besado, ni desnudado, porque sintiese algo por él. Ella necesitaba simplemente más afecto del que le brindaba normalmente, y lo había buscado bajo sus pantalones.

Lo que le llevaba a su segunda afirmación.

Ella jamás le querría porque él no le importaba. Ella sabía cuánto significaba para él, y sólo había acudido a sus brazos cuando necesitó unos que no la soltaran. Sólo había buscado sus labios cuando quiso unos que no la rechazaran.

Se movió con delicadeza, para no despertarla. Con todo el sigilo que pudo, metió en su mochila un par de mudas, su portátil, y la única foto de ellos dos juntos que tenía enmarcada. Después programó el microondas para que le calentase un café en dos horas (el tiempo, calculó, que le queda para despertarse), y salió de su casa.

Aunque no me lo confiese jamás, estoy convencido de que lloró todo el camino hasta Badar. Y es que Inés siempre ha tenido lo que hace falta para hacerle daño.