lunes, mayo 31, 2010

What are the odds?

Se encontraba a breves instantes de completar su sueño. Tras mucho esfuerzo, había logrado viajar a través del Tiempo para grabar en vídeo el momento en el cual Jesucristo se disponía a dar su famoso Sermón de la Montaña. Quizás fuese la forma en que se removió para enfocar lo que hizo que un curioso de la multitud le dirigiera su atención.

- Perdone, pero... ¿Qué es eso que lleva entre las manos?
- Es... esto... un Sextante. Se emplea para saber la posición de uno en medio de los mares.
- Pero los Sextantes no se inventaron hasta 1750. Antes de eso se empleaba el astrolabio.
- Oh, vaya.- bajo la cabeza, avergonzado, antes de replicar - Disculpe, y usted, ¿cómo lo sabe?

jueves, mayo 27, 2010

Escarchandras Chinas

No había estado en China desde que me dejó Tenhime. Nunca me había alejado mucho de Hong Kong, pero después del que encontrarme al Viajero y al Extraño en Badar, decidí que queríamos ver Pekín.

- Me he dado cuenta- comenta el Viajero mientras coge hábilmente un trozo de calabaza frita con los palillos.- de que todas las tiendas que venden un producto están unas al lado de otras. La competencia debe ser feroz.
- Ahá- respondo ausente, revolviendo las verduras de mi plato hasta marearlas.
- Dado que aquí todo es negociable, si no ofreces un buen trato, puede irse a la tienda de al lado.
- Aham...
- Salvo, claro está, que el dueño de todas sea el mismo..
- Aham...
- No me estás escuchando, ¿verdad?
- Ahám. ¿Qué?
- Ella no está aquí, Dídac.
- ¿De qué estás hablando?
- Da igual en cual de tus dos mujeres estés pensando ahora, déjalas atrás. Relájate, estás en China...
- Sabes que no puedo.
- ¿Sabes qué es una escarchandra?
- Ilumíname.
- La escarchandra es un ser supuestamente mítico que habita en Maan. Se alimenta de seres congelados, lo que le obliga a desplazarse a lo alto de las montañas o a regiones árticas en busca de alimento. El problema de la escarchandra radica en que se asemeja mucho a una boa: devora entera a su presa, y luego permanece quieta mientras la digiere.
- No veo el problema.
- Si la escarchandra engulle a una presa demasiado grande, pasa tanto tiempo quieta que muere congelada, convirtiéndose en comida para otra escarchandra. Por tanto, una escarchandra que quiera vivir mucho sabrá cuándo ha de comer, y cuándo algo es demasiado grande como para digerirlo de golpe.

lunes, mayo 24, 2010

Thus ends...

- ¿Tío?
- Dime, cielo.
- ¿Por qué esa chica está llorando?

Mi sobrina Helena hubiera aprendido a preguntar antes que a hablar, de no ser una cosa necesaria para la otra. Su curiosidad es insaciable, y ha desarrollado una habilidad innata para atraer la atención de los adultos hacia el objetivo que señala su dedo fino y moreno, como si de un puntero láser se tratara. En este caso, una mujer que llora abajo en la calle, frente a mi portal.

- Llora... llora porque es débil.
- ¿Llorar es de débiles?
- No, no, mi pequeña. Pero ella es débil porque ha descubierto lo que quiere, y se ha dado cuenta de que ahora está lejos y no puede alcanzarlo. Se ha dado cuenta que ha hecho las cosas mal, y que ahora no puede recuperar lo que tanto decía querer.
- ¿Y qué quería?
- Quería una persona con la que compartir su vida. Alguien en quien confiar para que le protegiese en los malos momentos, y alguien con quien reír en los buenos.
- ¡Ah! - exclama, orgullosa de haber llegado a la conclusión correcta - ¡Un novio!
- Más que eso. Un novio que no sólo la hiciera feliz, sino que lo fuera a su lado. Un compañero para toda la vida, para siempre, hasta el final.
- ¿Y qué pasó?
- Que fué débil. Quiso hacer las cosas fáciles, y no hay nada que se consiga sin sacrificio. Ella creía que podría tenerlo todo, sin darse cuenta de que tarde o temprano, se quedaría sin nada. Porque lo mejor en esta vida se consigue siendo valiente, esforzándote, y sacrificando cosas.

La mirada de Helena se divide entre la decepción y la duda, y presiento que he sido demasiado críptico esta vez. Explicarlo sería aún más complejo para una niña de su edad, así que decido dar la guerra por perdida, y terminar la discusión empleando el mejor argumento que tienen los adultos cuando se enfrentan a una situación así.

- Ya lo entenderás cuando crezcas. Y ahora ve a lavarte los dientes, que ya es muy tarde.

Al rato, Helena duerme apaciblemente, y yo invito a pasar a la mujer que lloraba frente a mi portal. Sobre la mesa le espera un cubo de helado de Dulce de Leche. Inés me abraza, y me empapa el hombro con sus mejillas aún húmedas.
- No va a volver- dice.
- ¿Y te sorprende? - le contesto, devolviéndole el abrazo.

jueves, mayo 20, 2010

Hasta nivel cinco es lo más duro

- ¡Oh, Dioses, ayudadnos!

Los campesinos gritaban aterrorizados mientras el monstruo de origen misterioso arrasaba la aldea. Nadie se atrevía a hacerle frente. Era un pueblo necesitado de un héroe.

- ¡Atrás! ¡Yo me encargaré de él!

El sacerdote, líder de la comunidad, miró hacia el héroe que acababa de aparecer. Su armadura de escamas resplandecientes, escudo recto y sin mella y su mano alrededor de...

- ¡Por todos los Dioses... es... es...!
- ¡Sí! -bramó el guerrero- ¡Una espada Dejadora en Coma de Dragones!

- ¿Dejadora en Coma?- el sacerdote enarcó una ceja. El guerrero se encogió de hombros, a modo de disculpa.
- No tiene ni idea de lo caras que salen las espadas Matadragones, Padre. Algunos nos tenemos que conformar con algo más modesto...

lunes, mayo 17, 2010

No le ofreció la Luna

- ¿Por qué no me recitas uno de esos poemas que escribiste cuando aun eras poeta?
- No lo he sido nunca, princesa. Ni cuando creía serlo. Siempre he sido lo que soy ahora. Un mentiroso. Un Cuentacuentos.
- Cuéntame uno, pues. Házlo por mí, no por mi hermana.
- ¿Y qué quieres que tenga? ¿Porcodrilos y pájaros ebanistas? ¿Caballeros y dragones?- sacude la cabeza, con una sonrisa en los labios.
- Ya sabes con qué lo quiero.
- No creo que sea un buen día para princesas y Viajeros.
- No me hagas insistir.- dice, acurrucándose a mi lado- Es mi cumpleaños...
- Está bien...

"Érase una vez... una Princesa. Era hermosa y buena, y..."
- Oh, Cuentacuentos, ahórratelo.
- ¿Quieres un cuento o no?
- Vale, vale, a tu manera.

"... y era apreciada por sus súbditos, pero pecaba de orgullosa. Así, cuando un Viajero se atrevió a besarla, ella se enamoró profundamente de él, y supo que no podría dejarlo escapar.

La Princesa lo persiguió allá donde el Viajero iba. Tras él cruzó el desierto de Kishka, navegó por el río Dwat. Camino por los puentes de las Islas de Maan, y alcanzó las cumbres nevadas de la Cordillera de Hueso. No lo alcanzó, pero en lugar del Viajero, encontró otras personas. Gente que le enseñaba cosas no conocía, le hablaba de lugares que no había visitado."

- ¿Y qué aprendió? - ronronea, acomodándose sobre mis piernas y cogiendo mi mano para que le acaricie el pelo.
- Aprendió... muchas cosas. Aprendió a hacer fuego en el campo, a encontrar el norte en un bosque y en un desierto.

"Aprendió a regatear en los bazares de Neral, a remontar el Dwat en las barcazas de los nómadas, a cabalgar como las Damas de Gabriela d'Yron lo hicieran durante la Guerra de Kumei. Y aprendió que el corazón del Viajero lo poseía una mujer, errante y vagabunda, cambiante como las arenas del desierto."

Con los ojos cerrados y en apenas un susurro, Ysabel me pide que siga.

"Así que la princesa se convirtió en guerrera, y aprendió el uso de la espada y la lanza, y encontró acero con el que vestir su cuerpo, y con el que acabar con su enemigo. Llegó el día en que pudo plantar cara a la mujer del desierto, en un duelo por el corazón del Viajero.

Luchó, espada en alto, con valor y con fiereza. Luchó sabiendo por qué lo hacía, conociendo el precio del fracaso. Combatió por el tiempo que había pasado persiguiendo al Viajero, por el tiempo que se había preparado para liberar su corazón de forma que pudiera ganarlo, por la vida que le esperaba a su lado.

Fue inútil. La asesina la mató con facilidad, y arrojó su cuerpo desde lo alto de un acantilado. Así murieron las esperanzas de que el Viajero se asentara y se convirtiera en el próximo soberano del pequeño Reino de la Princesa. No quedó nadie para buscar su corazón por el mundo, y por eso aún vaga por él sin descanso.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado"

Acaricio el largo pelo azabache de Ysabell, que duerme plácidamente sobre mis piernas. Con cuidado, me escabullo de su abrazo y la abrigo con las sábanas de seda de su lujosa cama, pero ella se despierta antes de que pueda salir de puntillas de la habitación.
- Lo siento... me he perdido el final. ¿Termina bien?
- Sí, princesa -le miento, depositándole un beso en la frente- Termina bien.

Cuando estoy a punto de abandonar la sala, su tenue voz me vuelve a detener.
- Una lástima que nunca dejase Badar para ir a buscarlo, ¿eh?. La de cosas que hubiera aprendido. La de batallas que hubiera librado...
- Estoy convencido de que aun tiene mucho que conquistar aquí. Batallas que puede no sólo librar, sino de las que puede salir victoriosa.

jueves, mayo 13, 2010

Arrepentimientos

Antes de partir de Neral, Fátima me invitó a su casa. Sorprendentemente, es un loft con un agradable olor a vainilla, un mobiliario espartano pero sólido, y paredes llenas de espejos. Cuando entras, no tienes la sospecha de que existen armas ocultas en cada pieza de mobiliario, ni que todos los espejos están situados estratégicamente para evitar que existan puntos ciegos donde un allanador pueda ocultarse para pillar desprevenida a la hashashiyyin. En cuanto al aroma de vainilla, está ahí porque así le gusta a su propietaria.

Me acomodé como pude sobre un cojín mientras me servía té verde con menta, arrastrando mis ojos en cada movimiento. Fátima es una mujer atractiva, hipnótica. Si algo han perdido muchas de las jóvenes actuales, es la virtud de la elegancia, pero ella parecía sacada de un manual de danza. Era como si cada músculo del cuerpo de Fátima supiese dónde moverse, a qué ritmo hacerlo, y cómo permanecer ahí una vez habían realizado su función. Traté de recomponerme mientras su delgada silueta se sentaba a una distancia que le permitiría reaccionar si yo hacía algún movimiento brusco.

Es difícil ser completamente correcto con una mujer capaz de matarte antes de que te des cuenta de lo que has dicho. Recé para que mi enorme bocaza no recortase drásticamente mi esperanza de vida. Recé para que recordara que el Viajero le prohibió matarme.

- ¿Así que le estás buscando?
- Sí. No de forma realmente activa. Simplemente he optado por ponerme a seguir sus pasos, con la esperanza de cruzarme con él.
- Él te diría que seguir los pasos de otro no te llevará donde él está.
- Sí, eso es muy propio del Viajero. Pero también suele decir que lo importante no es la salida ni la llegada, sino el viaje en sí. Dice que viajar cambia a las personas.
- Y cura el nacionalismo. A mí también me lo ha dicho. Por eso me gusta oírte contar historias. Me recuerdas a él.
- Dime una cosa, Fátima.
- Pregunta, Hakawati.
- ¿Cuándo...?
- ¿... estaremos juntos? No lo sé. Soy una mujer paciente, Hakawati, porque también me han dicho que todo llega para el que sabe esperar.
- Se suele decir que la paciencia es la única cosa que cuanto más gastas, más tienes. Pero no comprendo que futuro esperas tener con él, si no sabes cuándo lo tendrás. Quiero decir, ¿niños? ¿familia? ¿Una valla blanca alrededor de una casa en el campo?
- No hay vallas blancas para mí. Pero aspiro a un tejado de bronce bajo el cual podamos estar los dos. Lo demás... puede llegar, o puede que no. Si nos queda tiempo. Pero eso no lo sabemos ninguno de los dos. Hay una sombra que espera con el reloj de cada uno de nosotros y nos cosechará cuando sea nuestro momento. Hasta entonces, mejor vivir sin arrepentimiento.
- Pero, si murieses mañana, ¿no te arrepentirías de no haber pasado más tiempo con él?
- Él sabe que lo amo con todo mi ser, y yo sé que ninguna otra de sus conquistas será jamás una sombra de lo que compartimos juntos. Ése es el pensamiento que me ha de acompañar cuando cruce a la Otra Orilla, y con el que puedo marcharme en paz.

lunes, mayo 10, 2010

El mensajero indiscreto

Recuerdo aquella vez que estaba en el embarcadero de Badar. Los pies me colgaban del muelle, y cuando soplaba un poco de viento el agua se elevaba y me mojaba los dedos descalzos. Miraba con cierto aire pensativo a los barcos anclados frente al puerto, pensando en que quizás alguno de ellos podría llevarme aún más lejos de casa, más lejos de todo. Landelón se encontraba perdido en el Barrio de las Espadas, así que tenía un buen rato antes de que se reuniese conmigo, pero no me encontraba de humor para escribir.

El crujir de las maderas me avisó de que compartía el muelle con alguien, pero no me giré, pensando que sería algún pescador. Cuando la hija pequeña del Rey de Badar se sentó a mi lado, me dí cuenta de que me había estado buscando.

"Hola, Cuentacuentos. ¿Qué haces?"
"Nada. Pensaba."
"¿En qué, si se puede saber?"
" ¿Ves más allá de ese barco?"
"¿El "Espíritu de Florecita"? Claro. Está el horizonte. Por allá se llega a las Islas de Maan y a otros países que no conozco. ¿Es por ahí por donde se llega al tuyo?"
"No, no es por ahí. Pero sé que por ahí puedes llegar hasta Ishashi, si antes atraviesas Kumei o Neral. Landelón me habló hace poco de Ishashi, y pensaba visitarlo dentro de poco. Oh, en aquella época estaba loquito por una aventurera, una arquera llamada Cirle de Sauerbauden. Me hizo llevarle una carta a través de medio mundo, para poder llegar no sólo a sus ojos, sino también a su corazón"
"¿Qué decía? Seguro que te acuerdas, ¡cuéntamelo!"
"Bien, se parecía bastante a ésto...

Querida Cirle:

Los Sabios de Ishashi me piden que no te cuente mi sueño hasta que ellos mediten su significado, pero yo lo veo bastante claro.

Ayer soñé tu piel desnuda.

Yacías sobre la arena, con pequeños granos como único vestido, y el color de tu pelo se confundía con las dunas. Yo me acerqué a tí, y ví que dormías. Sin poder evitarlo, deslicé la punta de mis dedos por tu rostro, en una caricia breve, leve, tratando de no despertarte, ni alejarte de la paz que rodeaba tu cuerpo en el sueño.

Estabas bellísima.

Acaricié tus labios, tentando a la suerte, deseando acercar los míos. Pero entonces despertaste, y caí dentro de tus ojos. Desperté mirando fijamente las estrellas, observándome, desaprobando
mi actuación.

No pude volver a dormir.
No he podido volver a dormir.

Ni siquiera la tranquilizadora luz de las estrellas de Ishashi son capaces de calmar los latidos de mi corazón.

Ayer soñé tu piel desnuda.

Puede que esto te ofenda, que mi osadía al soñar contigo sea más de lo que eres capaz de soportar por mí.

Soñé que recorría tu piel con la punta de mis dedos.

Puedes enojarte, si es lo que necesitas, dirigir contra mí tu ira y tu enfado, y odiarme por aquello que no pude tener bajo mi control.

Soñé que acariciaba tus labios.

Pero por favor, no me niegues tu mirada. No me niegues tu presencia. Porque si me niegas tu compañía, sólo podré seguir buscándote en mis sueños. Lo siento, lo siento de veras.

Pero ayer soñé tu piel desnuda".

"Wow... es... intenso, Cuentacuentos"
"No es obra mía. Yo sólo fuí el mensajero. Es esta memoría mía, que me permite acordarme a pesar de todo el tiempo que ha pasado"
"¿Qué ocurrió con Cirle? ¿Y con el Viajero?"
"Se volvieron a ver. Landelón pudo volver a dormir, y a soñar. Y Cirle... Cirle tuvo un tesoro con un pañuelo amarillo durante un tiempo. Nunca menos de una noche. Nunca más de tres meses"
"Pobrecita... ¿el Viajero la abandonó?"
"Siempre ocurre igual. Una noche le susurraba palabras de amor al oído. A la mañana siguiente no estaba allí"
"Eso es cruel"
"Quizás. Pero no podía quedarse junto a ella mucho tiempo, de ninguna forma"
"Cuentacuentos... ¿Tú te quedarás aquí, para siempre?"
"No puedo hacer promesas que no estoy seguro de cumplir. ¿Me querrás aquí, a tu lado, para siempre?"

Ella se apoyó en mi hombro, y no dijo nada más. Nos quedamos en silencio, sentados en el muelle, hasta que atardeció por completo y el Sol desapareció en el horizonte, hacia Ishashi, Sauerbauden, y el sueño perdido del Viajero.

jueves, mayo 06, 2010

Por qué

Me pediste "Quédate"
y yo salí corriendo
dejando atrás vidrio roto
en un mar de descontento.

No quedan lágrimas de sal
ni palabras de aliento
sólo media botella de vino
y otra media de sentimento.

Mi grito es alto cual susurro
¿No entiendes lo que estoy diciendo?
Me pediste "Quédate"
y yo salí corriendo.

lunes, mayo 03, 2010

Hogarregresos

En verano, Landelón y yo solíamos viajar a Ishashi para descansar el mundo, bañarnos en sus cataratas, y jugar a extraños juegos de estrategia con los sabios. El año pasado Yanroud nos acompañó, y los tres juntos nos pusimos con los pies a remojo en una de las charcas, a la sombra de una manzano enorme.

- Dime, Viajero... ¿Cuándo fué la primera vez que viniste aquí?
- ¿A Ishashi? Sería hace cosa de unos doce años. Mi maestro hizo su último viaje, y quiso terminar aquí su vida de andanzas, para que a su muerte lo enterrasen a los pies de un manzano.

Era raro que Landelón hablase de su familia, pero no que lo hiciera de su maestro. Solía comentar aforismos suyos, casi siempre precedidos por la muletilla "Un hombre sabio me dijo una vez que...", una expresión que no tardé mucho en imitar al transcribir sus viajes. Fue un Viajero excepcional, un erudito de muchas materias, y un referente personal para Landelón.

Ishashi, continuó contándonos, no ha cambiado mucho desde entonces. Sus lomas siguen verdes, sus charcos, índigo profundo. La guerra de Kumei ha dejado una cicatriz en la frontera que llenó de refugiados, pero la tierra sana pronto y la gente ha enraizado con rapidez.

Mi maestro murió aquí. Me dejó poco más que un hatillo viejo y un sobretodo polvoriento, un sombrero de ala estrecha, un paraguas, y sus viejos anteojos. Me pareció tan pobre herencia que la compartí, porque cuanto menos tiene uno menos le cuesta desprenderse de ello. Ahora, parte de él está en Kumei, en Benus, en Loreandri y Eliandri, y aquí, en Ishashi, en los lugares a los que más veces regresó, y por tanto los que más amaba.

Porque a pesar de lo que siempre se dice del hogar, no es exacto decir que siempre esté con tus seres queridos. A veces no es más que el lugar al que quieres regresar.