lunes, mayo 17, 2010

No le ofreció la Luna

- ¿Por qué no me recitas uno de esos poemas que escribiste cuando aun eras poeta?
- No lo he sido nunca, princesa. Ni cuando creía serlo. Siempre he sido lo que soy ahora. Un mentiroso. Un Cuentacuentos.
- Cuéntame uno, pues. Házlo por mí, no por mi hermana.
- ¿Y qué quieres que tenga? ¿Porcodrilos y pájaros ebanistas? ¿Caballeros y dragones?- sacude la cabeza, con una sonrisa en los labios.
- Ya sabes con qué lo quiero.
- No creo que sea un buen día para princesas y Viajeros.
- No me hagas insistir.- dice, acurrucándose a mi lado- Es mi cumpleaños...
- Está bien...

"Érase una vez... una Princesa. Era hermosa y buena, y..."
- Oh, Cuentacuentos, ahórratelo.
- ¿Quieres un cuento o no?
- Vale, vale, a tu manera.

"... y era apreciada por sus súbditos, pero pecaba de orgullosa. Así, cuando un Viajero se atrevió a besarla, ella se enamoró profundamente de él, y supo que no podría dejarlo escapar.

La Princesa lo persiguió allá donde el Viajero iba. Tras él cruzó el desierto de Kishka, navegó por el río Dwat. Camino por los puentes de las Islas de Maan, y alcanzó las cumbres nevadas de la Cordillera de Hueso. No lo alcanzó, pero en lugar del Viajero, encontró otras personas. Gente que le enseñaba cosas no conocía, le hablaba de lugares que no había visitado."

- ¿Y qué aprendió? - ronronea, acomodándose sobre mis piernas y cogiendo mi mano para que le acaricie el pelo.
- Aprendió... muchas cosas. Aprendió a hacer fuego en el campo, a encontrar el norte en un bosque y en un desierto.

"Aprendió a regatear en los bazares de Neral, a remontar el Dwat en las barcazas de los nómadas, a cabalgar como las Damas de Gabriela d'Yron lo hicieran durante la Guerra de Kumei. Y aprendió que el corazón del Viajero lo poseía una mujer, errante y vagabunda, cambiante como las arenas del desierto."

Con los ojos cerrados y en apenas un susurro, Ysabel me pide que siga.

"Así que la princesa se convirtió en guerrera, y aprendió el uso de la espada y la lanza, y encontró acero con el que vestir su cuerpo, y con el que acabar con su enemigo. Llegó el día en que pudo plantar cara a la mujer del desierto, en un duelo por el corazón del Viajero.

Luchó, espada en alto, con valor y con fiereza. Luchó sabiendo por qué lo hacía, conociendo el precio del fracaso. Combatió por el tiempo que había pasado persiguiendo al Viajero, por el tiempo que se había preparado para liberar su corazón de forma que pudiera ganarlo, por la vida que le esperaba a su lado.

Fue inútil. La asesina la mató con facilidad, y arrojó su cuerpo desde lo alto de un acantilado. Así murieron las esperanzas de que el Viajero se asentara y se convirtiera en el próximo soberano del pequeño Reino de la Princesa. No quedó nadie para buscar su corazón por el mundo, y por eso aún vaga por él sin descanso.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado"

Acaricio el largo pelo azabache de Ysabell, que duerme plácidamente sobre mis piernas. Con cuidado, me escabullo de su abrazo y la abrigo con las sábanas de seda de su lujosa cama, pero ella se despierta antes de que pueda salir de puntillas de la habitación.
- Lo siento... me he perdido el final. ¿Termina bien?
- Sí, princesa -le miento, depositándole un beso en la frente- Termina bien.

Cuando estoy a punto de abandonar la sala, su tenue voz me vuelve a detener.
- Una lástima que nunca dejase Badar para ir a buscarlo, ¿eh?. La de cosas que hubiera aprendido. La de batallas que hubiera librado...
- Estoy convencido de que aun tiene mucho que conquistar aquí. Batallas que puede no sólo librar, sino de las que puede salir victoriosa.

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