lunes, mayo 24, 2010

Thus ends...

- ¿Tío?
- Dime, cielo.
- ¿Por qué esa chica está llorando?

Mi sobrina Helena hubiera aprendido a preguntar antes que a hablar, de no ser una cosa necesaria para la otra. Su curiosidad es insaciable, y ha desarrollado una habilidad innata para atraer la atención de los adultos hacia el objetivo que señala su dedo fino y moreno, como si de un puntero láser se tratara. En este caso, una mujer que llora abajo en la calle, frente a mi portal.

- Llora... llora porque es débil.
- ¿Llorar es de débiles?
- No, no, mi pequeña. Pero ella es débil porque ha descubierto lo que quiere, y se ha dado cuenta de que ahora está lejos y no puede alcanzarlo. Se ha dado cuenta que ha hecho las cosas mal, y que ahora no puede recuperar lo que tanto decía querer.
- ¿Y qué quería?
- Quería una persona con la que compartir su vida. Alguien en quien confiar para que le protegiese en los malos momentos, y alguien con quien reír en los buenos.
- ¡Ah! - exclama, orgullosa de haber llegado a la conclusión correcta - ¡Un novio!
- Más que eso. Un novio que no sólo la hiciera feliz, sino que lo fuera a su lado. Un compañero para toda la vida, para siempre, hasta el final.
- ¿Y qué pasó?
- Que fué débil. Quiso hacer las cosas fáciles, y no hay nada que se consiga sin sacrificio. Ella creía que podría tenerlo todo, sin darse cuenta de que tarde o temprano, se quedaría sin nada. Porque lo mejor en esta vida se consigue siendo valiente, esforzándote, y sacrificando cosas.

La mirada de Helena se divide entre la decepción y la duda, y presiento que he sido demasiado críptico esta vez. Explicarlo sería aún más complejo para una niña de su edad, así que decido dar la guerra por perdida, y terminar la discusión empleando el mejor argumento que tienen los adultos cuando se enfrentan a una situación así.

- Ya lo entenderás cuando crezcas. Y ahora ve a lavarte los dientes, que ya es muy tarde.

Al rato, Helena duerme apaciblemente, y yo invito a pasar a la mujer que lloraba frente a mi portal. Sobre la mesa le espera un cubo de helado de Dulce de Leche. Inés me abraza, y me empapa el hombro con sus mejillas aún húmedas.
- No va a volver- dice.
- ¿Y te sorprende? - le contesto, devolviéndole el abrazo.

3 comentarios:

IbrahimGm dijo...

Me gusta la gente que aprende de sus errores.

De hecho, me gustan más las personas van más allá, y que son capaces de aprender de los errores que ya han cometido los demás, acumulando experiencia ajena. Bastante tenemos cada uno con nuestros propios errores, como para tener que ir repitiendo los de otros.

Aunque supongo que siempre habrá gente que nunca aprenda... ni de sus errores, ni de los ajenos.

Sinceramente, espero que la sobrina de Landelón sea de las que aprenda; le va a ahorrar muchos helados.

Dídac dijo...

Escarmentar en cabeza ajena es una gran habilidad, si logras desarrollarla. No es común, pero es valiosa.

Escarmentar en cabeza propia es un defecto si NO logras desarrollarla. Porque cometer el mismo error una y otra vez implica que no pones de tu parte para que no vuelva a pasar.

Me alegra que sigas por aquí. Siéntente como en casa.

Alethea dijo...

Me da la impresión de que falta algo...