jueves, agosto 19, 2010

Sueñocidios

Somos muchos, pensé en cuanto el taxi me dejó en medio de Pekín. Muchos no, perdón, somos demasiados. Demasiados. Nos empujamos, nos apretamos, nos enfadamos los unos con los otros. Falta trabajo, falta amor, falta dinero, faltan muchas cosas porque los recursos son limitados, mientras que la población crece de forma exponencial. Las colas se forman en hospitales igual que en cuartos de baño. Los edificios crecen altos como panales porque nos reproducimos como obreras.

Somos demasiados. Cuando hace tiempo el Extraño y Landelón comentaban que el genocidio, por muy mal que estuviera visto, era la solución a gran parte de los problemas actuales, rechacé la idea por inhumana, por salvaje, por exagerada.

Pero luego veo a la gente protestar. "¡Qué mal funciona la sanidad!" dicen, "las listas de espera son interminables". Claro, señora, es lo que tiene que no seamos dos millones, sino doce. "En Suecia las cosas funcionan mejor, son más avanzados". Tiene razón, caballero, pero sus leyes de inmigración son mucho, mucho, mucho más severas que aquí. "Ningún ser humano es ilegal", responden enseguida los más jóvenes, cuando se esgrimen argumentos como el anterior. En efecto, no lo son. Usted puede tener dieciocho hijos, si lo desea. Pero no confíe en la supervivencia de todos. El derecho que usted defiende es a la vida, no a la vejez.

Las voces dentro de mi cabeza discuten y se pelean entre sí, hasta que mi conciencia parece un patio de recreo. O peor, el Congreso de los Diputados. Entonces duermo, y llegan las pesadillas.

A veces me despierto por las noches, envuelto en sudor frío. Sueño con Meadows, sueño con apocalipsis zombis, sueño con esa estúpida versión cinematográfica de "Yo, robot" en la que sale Will Smith.

Y me da miedo, me da miedo pensar que tienen razón, que sobra gente, que necesitamos una limpieza general de la especie humana en general. Lo que más me aterroriza no es ser de la mitad que no pase la criba, sino que si la pasara y me pidieran que apretase el botón grande y rojo, no tendría dudas en hacerlo.

Me despierto por la noche, empapado en sudor frío, después de soñar que he inventado una solución para la raza humana.

viernes, agosto 06, 2010

Demudanzas

Así que dejé Pamplona, y me mudé a tierras más cálidas. Le dí dos besos a Inés y le dejé al Hombre del Piano muchas de mis cosas, para viajar ligero hasta encontrar un nuevo apartamento.

Landelón estrechó la mano del Hombre del Piano, y quedaron en reunirse en Navidad en Badar. A Inés le dio un último consejo.

No vuelvas a dejar que tus "puedo y no quiero" se conviertan en "quiero y no puedo".