jueves, enero 26, 2012

All hell breaks loose

Y fue en el instante en que ella me besó, cuando todo el infierno se desató a mi alrededor.

La puertas se abrieron, y una madeja de brazos y piernas cayó al interior de la habitación, retorciéndose en el caos de la pelea. El Clasificado estrelló su guantelete de acero en la cara de uno de los guardias del Rey, mientras a su lado el Viajero forcejeaba con otro guardia que trataba de estragular al Extraño, cuyo rostro estaba ya congestionado por el esfuerzo y la falta de oxígeno. Finalmente un puntapié en la entrepierna puso fin a la pelea, y el Extraño recuperó el aliento mientras el Clasificado me hacía gestos hacia el exterior.
- ¡Deprisa!
- ¿Qué? ¡No, idiotas, lo habéis arruinado todo!
El Viajero no me dió margen a explicarme. Me agarró del codo y tiró de mí con impaciencia, instándome a salir corriendo de palacio.
-Vamos, Cuentacuentos, vámonos de aquí antes de que lleguen más.

Me giré hacia ella, pero había desaparecido. Recogí lo único que había quedado atrás, un largo velo transparente, y corrí detrás de mis amigos. Cruzamos corriendo el jardín de palmeras por sus caminos de gravilla blanca y llegamos a las fastuosas puertas de la muralla que rodeaba el palacio, donde nos esperaba Yanroud con cuatro hermosos caballos, con su pelaje resplandecientes al sol.
- ¡Sube! - gritó, extendiéndo la mano hacia mí. De un fuerte tirón me subió a la grupa del caballo que montaba, y sin esperar al resto, tiró de las bridas para encararse hacia la verde llanura, y se lanzó al galope salvaje.

Dejaba entre las murallas de Suebia un año entero. Dejaba todo aquellos que había escrito y no me había dado tiempo a recuperar. Dejaba las ricas ropas con las que me había agasajado Arkahma, Rey de Suebia, famoso por su tendencia a obsesionarse de sus caprichos y por encapricharse con suma facilidad. Dejaba un harén de mujeres al que no me habían permitido acercarme nada más que para contarles cuentos escoltado por dos eunucos armados.

Y la dejaba a ella, ojos verde aceituna bajo aquella piel morena, y ese revuelto cabello negro que casi le llegaba a los tobillos. Por primera vez en mucho tiempo, sabía que no la volvería a ver. Cerré por un instante los ojos, con la esperanza de que se me escapara una lágrima solitaria, pero por lo visto no la iba a honrar ni siquiera con eso.

Yanroud gritó frenético cuando al volver la cabeza, vio que nuestros únicos perseguidores eran el Extraño, Landelón y el Clasificado. Llegaría el tiempo de las explicaciones, de los gritos, los reproches, los abrazos y las disculpas. Pero en ese momento, Yanroud celebraba otro golpe con éxito: esta vez, había logrado robar al Cuentacuentos personal del Rey de los Suebos.

4 comentarios:

IbrahimGm dijo...

Dos entradas en una semana... parece que el blog vuelve a la vida :)
¡Tienes que buscarte un buen ilustrador y publicar algo!

Dídac dijo...

No, han sido una entrada cada semana. Actualizamos los jueves.

Y sí, una lástima que no conozca a ningún buen ilustrador...

Letichan dijo...

Re-bienvenido a tu blog :-)

La entrada, muy buena. Mmm... No estoy muy segura, pero me parece que es el primero que te leo en el que se desvela al final qué es lo que sucede.

Dídac dijo...

En mis escritos siempre se desvela al final qué es lo que sucede...