domingo, abril 29, 2012

Pifias en seducción (y III)

- Y entonces - nos comenta el Clasificado, inclinándose sobre las botellas de cerveza vacías que formaban la pequeña muralla que le separaba del Extraño y de mí - se me acercó lidinibo... libini... de forma seductora, y me susurró en la oreja...

"¿Sabes? Estoy desnuda debajo de mi ropa"

Estallamos en carcajadas. Quizás más sonoramente de lo que debíamos, dada la calidad de la anécdota, pero una vez más la muralla de cervezas dejaba claro en qué punto de la noche nos encontrábamos. Secándose el rabillo del ojo izquierdo con el dedo, el Clasificado se recompuso.

- Pobre chica. No tuve corazón para explicarle que yo también.

Hubo un segundo de silencio donde la mirada del Extraño hacía la pregunta que se formulaba en mi mente. El Clasificado no tuvo que oírla para contestarla.

- Pero me la tiré de todos modos.

jueves, abril 26, 2012

Pifias en Seducción (II)

- Y te besó.
- Y nos besamos.
- ¡Hurra! - brindamos, por encima de la mesa, el Clasificado y yo, rugiendo como dioses nórdicos de vuelta de una gran batalla, o mejor aún, de dondequiera que se acuesten las valquirias.
- ¿Pasó algo más?
- Soy un caballero y no hablo de esas cosas.
- Claro, y yo soy el rey de Timor Oriental.
- No te inventes países, Cuentacuentos - interviene el Clasificado, antes de terminar su cerveza.
- Te toca. - dice el Extraño, inclinando su botella lo suficiente como para que resulte evidente que me está señalando a mí.- Cuéntanos alguna historia con mujeres.
- Sobre seducirlas, o algo.
-Bien, cuando conocí a Tenhime...
- No, no, no. Todos nos conocemos ya la historia de Tenhime y las tres flores. Queremos otra cosa.
- Algo sobre la hermana de la Princesa Ysabell.

Tengo la sensación de estar acorralado. Llevamos cuatro cervezas, la noche es cálida y no me quiero ir a casa, así que tengo que hablar.

"No os pienso contar cómo conseguí quitarle el gesto de fastidio de la cara la noche del baile, pero sí os contaré que cuando tuvimos nuestro pequeño momento de intimidad, en el balcón, mirando al infinito, no recuerdo a cuento de qué, le dije:
- Nadie tiene todo lo que quiere. No se puede tener todo en esta vida. Mírame a mí, por ejemplo. Yo siempre quise ser bajito, guapo y divertido. Y, bueno, dos de tres no está mal.

Ella, supongo, respondió lo primero que se le pasó por la cabeza.
- ¿Bajito?"

miércoles, abril 18, 2012

Pifias en Seducción (I)

- Espera, espera, ¿qué le dijiste, exactamente?
- "Si ahora mismo me acercara a ti y te besara, ¿qué posibilidades habría de que no te apartaras?"

Ya hay tres botellines vacíos sobre la mesa, y cada uno calienta en su mano el segundo de la noche. El Clasificado es el que rompe el momento de reflexión.
- ¿Y funcionó?
- Veréis, yo había previsto una serie de escenarios. Si ella se hubiera ofendido, yo me hubiera encogido de hombros y...
- Sh sh sh sh, Extraño. No te está preguntando eso.
- ¿Funcionó? - repite el Clasificado.
- Para ello habría que definir exactamente a qué te refieres con "funcionar". Si por funcionar te refieres a un contacto físico que pudiera o hubiera podido ser un prólogo a un coi...
- Extraño, por Dios, si terminas esa palabra me encargaré de que Helena entre en tu cuarto la próxima vez que venga a casa.
- Tú sobrina no me da miedo.
- Acompañada de Tara.
- Tara sí me da miedo. ¿Te crees que estuvo hojeando mis monografías? ¡No se hojea una monografía!
- No des rodeos. Nosotros queremos saberlo, y tú quieres contarlo. Así que contesta al Clasificado.
Éste asiente, mientras eleva el culo de su segundo botellín hasta vaciarlo.
- No hace la pregunta adecuada.- refunfuña.
- Santo Cthulhu... - maldigo por lo bajo.
- Entonces cambiaré mi pregunta.

Hay un duelo épico de miradas chispeantes y rayos de energía, que yo me pierdo porque estoy terminándome el botellín mientras trato de llamar la atención de una camarera de culo prieto para pedirle otra ronda. Repentinamente el Extraño abre los ojos, y puedo ver su "¡No!" silencioso brillar en ellos.
- Ante la pregunta que siguió a "si ahora mismo me acercara a ti y te besara" ¿qué respondió ella?
- ¿Literalmente? "Cállate, tonto".

miércoles, abril 04, 2012

Cremalleras

Me gustan las cremalleras. Es un hecho poco conocido, pero no por ello menos cierto. 

Me gustan las cremalleras porque cuando deslizas el cierre y se abren suavemente me embarga una extraña sensación de victoria. Porque abrir una muy despacio, acompasando mi respiración, me ayuda a relajarme en días de estrés. Porque se abren como párpados perezosos para mostrar el tesoro que hasta hace un instante ocultaban al mundo. 

Me gustan las cremalleras porque son una de esas cosas pequeñas de la vida que hacen su trabajo sin esperar reconocimiento por tu parte. A ellas no les importa que no les agradezcas la tensión que sufren, puesto que siempre tendrán la satisfacción del deber cumplido. 

Me gustan las cremalleras. Especialmente la que recorre tu vestido, por la espalda, de arriba abajo .

domingo, abril 01, 2012

Recurrencias

Las yemas de sus dedos recorren mi espalda, rozando la piel en aquellas partes en que la metralla y los cristales rotos han hecho jirones mi camisa. Me mira directamente a los ojos con aquellos pozos azules a los que nunca he sabido resistirme.
- ¿Será siempre así? - le pregunto. Mi corazón parece tener la mitad de tamaño, y quizás por estar tan comprimido tiene que latir tan rápido.
- Existe otra manera. Basta con que me dejes marchar.
- Antes muerto.
- También existe esa vía.

Mis brazos la atraen más hacia mí, las manos en sus costados. Su cuerpecillo pequeño y delgado, como el de una bailarina, parece querer estrellarse contra mis huesos como un galeón contra un acantilado. El viento caliente revuelve sus cabellos, arrojándolos contra sus labios. La ceniza hace enrojecer los ojos, los llena de lágrimas. ¿O existe otra razón?
- Lo arruinarás todo, Cuentacuentos. Toda tu vida, toda la mía. ¿Merecerá la pena?
- No sé qué esperas que responda a eso.

Parece encogerse, y respondo a mi instinto de rodear cada centímetro de espacio que ella cede, hasta que todo lo que la rodea es mi abrazo. A nuestro alrededor, como una tela pintada al fondo de un escenario, una ciudad entera ardía. Cadáveres calcinados yacen por todas partes. Los arboles parecen cerillas gigantes, ardientes farolas de fuego. La hija pequeña del Rey de Badar me deposita en los labios la promesa de un beso.
- Que sí, por todos los dioses. Que sí.

Todo Badar arde a nuestro alrededor. El Palacio, los Jardines, el puerto, las calles que dan al mercado. Y mientras la beso, descubro que no me importa.

Abro los ojos mientras inspiro una bocanada de aire entre el suspiro y la desesperación. A mi alrededor no hay nada más que el desorden de mi cuarto y el zumbido persistente del ordenador, que he debido de dejarme encendido. En ningún lado parece haber fuego ni badarienses. Con calma, me pongo en pie mientras normalizo el ritmo al que mi corazón, ya ocupando todo el espacio que debe en mi caja torácica, golpea el interior de mis costillas. Arrastro los pies hasta la cocina, echo un par de hielos a un vaso, y lo lleno con la primera botella que alcanzo del armario donde guardamos los licores.

Me va a costar volver a dormir.