jueves, abril 26, 2012

Pifias en Seducción (II)

- Y te besó.
- Y nos besamos.
- ¡Hurra! - brindamos, por encima de la mesa, el Clasificado y yo, rugiendo como dioses nórdicos de vuelta de una gran batalla, o mejor aún, de dondequiera que se acuesten las valquirias.
- ¿Pasó algo más?
- Soy un caballero y no hablo de esas cosas.
- Claro, y yo soy el rey de Timor Oriental.
- No te inventes países, Cuentacuentos - interviene el Clasificado, antes de terminar su cerveza.
- Te toca. - dice el Extraño, inclinando su botella lo suficiente como para que resulte evidente que me está señalando a mí.- Cuéntanos alguna historia con mujeres.
- Sobre seducirlas, o algo.
-Bien, cuando conocí a Tenhime...
- No, no, no. Todos nos conocemos ya la historia de Tenhime y las tres flores. Queremos otra cosa.
- Algo sobre la hermana de la Princesa Ysabell.

Tengo la sensación de estar acorralado. Llevamos cuatro cervezas, la noche es cálida y no me quiero ir a casa, así que tengo que hablar.

"No os pienso contar cómo conseguí quitarle el gesto de fastidio de la cara la noche del baile, pero sí os contaré que cuando tuvimos nuestro pequeño momento de intimidad, en el balcón, mirando al infinito, no recuerdo a cuento de qué, le dije:
- Nadie tiene todo lo que quiere. No se puede tener todo en esta vida. Mírame a mí, por ejemplo. Yo siempre quise ser bajito, guapo y divertido. Y, bueno, dos de tres no está mal.

Ella, supongo, respondió lo primero que se le pasó por la cabeza.
- ¿Bajito?"

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