jueves, mayo 31, 2012

Con la cabeza en las nubes de algodón de azúcar

Para evitar apariciones nocturnas de mi obsesión, llevo tres días durmiendo en el sofá. Tres, y con hoy serán cuatro. La espalda me cruje como si en lugar de vértebras tuviera corn flakes, y bajo los ojos se me están formando unas bolsas muy poco estéticas. Es sábado, y estoy intentando dormir un rato más antes de la comida mientras el Extraño, aparentemente, reordena todos los objetos de la casa mientras, de fondo, escucha Amaral. ¡Amaral! Es como si quisiera matarme de sobredosis de azúcar. Conforme va y viene por la casa, va tarareando los estribillos. Con un sonrisa en los labios.

Cómo hablar, 
si cada parte 
de mi mente es tuya
y si no encuentro
la palabra exacta
cómo hablar...

Recoge la tabla de planchar del salón, la esconde en el hueco que queda detrás de la puerta del baño.

Te necesito
como a la luz del sol
en este invierno frío
pa' darme tu calor

Vacía el lavavajillas. Pone una cazuela con agua a calentar. Creo que me estoy volviendo diabético.

Haces que se vaya mi melancolía
me devuelves de nuevo la vida

Pasa un paño a la mesa del salón. No lo soporto más.
- Extraño.
- ¡Dime!
- ¿Por fin entiendes el significado de las canciones de amor?
- No. Siempre me ha gustado Amaral.

Y continúa limpiando, silbando las estrofas que no se sabe y tarareando las que sí. Bastardo mentiroso, pienso. Siempre te ha gustado Amaral, pero nunca me ha impedido dormir. Hasta hoy.

1 comentario:

Cels dijo...

Como me suena esa escena... y las inyecciones de insulina también :)