lunes, julio 30, 2012

"La zapatilla se estampó en su cara"

La zapatilla se estampó en su cara, y el resto de la pierna que seguía hizo que diera una vuelta en el aire y cayera, como un muñeco roto, al suelo.

¿Estaba muerto? A lo mejor sí. Morir por un papel. Por una puta servilleta de bar. Eso tenía que ser un récord en alguna parte. No, no estaba muerto. Notaba la sangre en el paladar, y los muertos no tienen paladar, sólo gusanos. 

Puta servilleta. La había doblado hasta darle la forma de una pajarita, y se la había regalado a Mariela. Le había gustado Mariela desde que la conoció, con sus ojos azules y las piernas llenas de cardenales por ir chocándose con las cosas.

Huy, no notaba los pies. Los sentía adormecidos y no podía mover los dedos. Quizás sí se estaba muriendo, después de todo. Qué putada. Morir por una servilleta de bar en forma de pajarita que le había regalado a Mariela, estando su novio delante: un mastodonte de ciento veinte kilos, y brazos como pistones de locomotora, y piernas como columnas jónicas. No había cogido la broma. Los matones no entienden las bromas.

No, no estaba muerto. Se incorporó dolorosamente hasta la barra del bar, y usó una nueva servilleta para escupir la sangre. El matón no estaba allí. En su lugar, apretando una pajarita de papel arrugada, estaba Mariela.

lunes, julio 23, 2012

"Entonces ella me tiró un pepino"

(Léase con afectado acento francés).

La gente cree que todo el revuelo lo empezó esa costurera, Manuela, pero la verdad, fue todo culpa de una frutera.

Llegamos a Madrid desde París para modernizar la ciudad. Qué digo la ciudad, el país entero. Pero ya conocéis a los españoles, culogordos pobretones que no encontrarían ni su propio ombligo. Recibieron los cambios a regañadientes, aprovechándose de lo que podían y siempre empeñados en añadir patata a su tortilla, ya me entienden.

Así que después de arreglarles el país entero, mal que les pesara a algunos, ya no podíamos pasear por las calles de Madrid sin que nos llovieran los improperios: que si "vete a fregar, madelón", que si "gabacho de mierda", y cosas peores.

Al final llegó ese día en que bajé a la frutería, porque había que dar de comer a la tropa, y la joven ya me recibió con mala cara. A pesar de todo, traté de ser amable:

"Oh-la-la, mademoiselle, que magníficos melones tiene. Ojalá tuviera también un par de buenos jamones, cómo iban a disfrutar mis soldados".

Y  la chica se puso hecha una furia, poniéndose a gritar, y vinieron más vecinos, y más soldados, y más gente. Entonces ella me tiró un pepino, sonó un disparo, y todo se fue al garete.

Así que le juro, Emperador Bonaparte, que el próximo Mayo a mí no me pilla en Madrid.

lunes, julio 16, 2012

"Era magnífica su colección de idiotas"

Apenas se abrió la puerta, aquella mano de uñas rojo pasión lo agarró por la corbata, y de repente estaba sobre él, besándolo, restregándose, esposándolo a la cama.
Lo dejó allí, junto al cartero, el comercial de Endesa y el Testigo de Jehová. 

Era magnífica su colección de idiotas.

lunes, julio 09, 2012

"Ojalá hubiera sabido esto antes"

Ojalá hubiera sabido esto antes, dijo, cuando vio que su prostituta tailandesa venía con más longitud de la esperada.

miércoles, julio 04, 2012

Decepceraciones

No es raro que el timbre de mi casa suene insistentemente. Es poco frecuente, es más, hasta sospechoso, cuando suena a las cinco de la mañana de un domingo. Arrastro los pies hasta la entrada, con los párpados casi pegados y al abrir la puerta, es Tara la que prácticamente se abalanza sobre mí alanceándome con su índice estirado.
- ¡Tú! ¡Es todo culpa tuya!
- ¿Qué?
- ¡Tú, tú y tus cuentos, tú y tus consejos, tus cuentos y tus historias! ¡Es todo culpa tuya!
- Tara, de qué me estás habl...
- ¡Calla! Tú, tú me hiciste creer que existían hombres decentes. Tú me contabas cuentos de caballeros que cuidaban de sus princesas. Me hiciste creer que eso era cierto. ¡Me hiciste querer que lo fuera! Pero a pesar de todo yo no paraba de encontrar hombres equivocados, decepción tras decepción...
- Tara, ¿estás borracha?
- ¡No! Bueno, quizás un poco. Sí. ¡No cambies de tema!
- Tranquilízate. Siéntate un rato.
- ¡No! - Su dedo vuelve a clavarse en mi pecho, envenenado de alcohol.- No, no te vas a librar de ésta. Te has librado de todas, pero no de ésta.
- Aun no sé de qué estás hablando, pero escucharé. Es lo que quieres.
- Oh, ahora sabes lo que quiero, ¿no?. ¡Pues sí! ¡Siempre has sabido lo que quiero! ¿En qué te convierte eso, eh? ¡En un listillo!
- Lo que dices no tienes sentido alguno.
- ¡Cállate! ¿Sabes de dónde vengo? ¡Vengo de beber sola en un bar!
- Me imaginaba algo así. ¿Una mala cita?
- ¡Horrible! ¡Sólo sabía hablar sobre él! ¡Un gilipollas integral! ¿Y lo peor que es? ¡Que tratando de olvidarlo en esa mierda de bar se me han acercado al menos otros dos tíos! ¡Igual de horribles que el primero!
- ¿Tan feos eran? - No puedo evitar esbozar una sonrisa - Pobres...
- ¡No es eso! Bueno, uno sí que era feote... ¡Pero era idiotas, todos ellos! ¡De manual! Yo creía que existían los hombres decentes, ¡tú! tú me hiciste creer que existían, que podía conseguir a alguien que me valorara, que apreciara lo que soy pero luego siempre, siempre...
- Te acababan decepcionando.
- Y me canso, me canso de que me rompan el corazón una y otra vez, y otra...
Tara se arrima a mí, para que la abrace. ¿Qué hace uno en mi situación? Decirle lo que quiere oír. No le puedes decir "Siempre has probado con los hombres equivocados. Nunca has probado otra cosa que el mismo tipo de hombre, y siempre te ha salido mal. ¿No ves la relación?". Necesita oír su opinión en un tono de voz más grave.
- No te preocupes, Tara. Te prometo que hay alguien ahí fuera para ti. Sólo tienes que ser paciente.
- No me da la gana. - dice, y estrella sus labios contra los míos.

El beso, o el intento del mismo, dura cuatro latidos de corazón. Entonces Tara se aparta, mirándome con ojos vidriosos, y con un espasmo, se dobla por la cintura y vomita violentamente en un cubo que el Extraño, salido de la nada, logra interponer entre su boca y el suelo de nuestro recibidor.
- ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
- El suficiente. Acuéstala en el sofá, donjuán. Voy preparando el equipo de emergencia para resacas.