lunes, julio 30, 2012

"La zapatilla se estampó en su cara"

La zapatilla se estampó en su cara, y el resto de la pierna que seguía hizo que diera una vuelta en el aire y cayera, como un muñeco roto, al suelo.

¿Estaba muerto? A lo mejor sí. Morir por un papel. Por una puta servilleta de bar. Eso tenía que ser un récord en alguna parte. No, no estaba muerto. Notaba la sangre en el paladar, y los muertos no tienen paladar, sólo gusanos. 

Puta servilleta. La había doblado hasta darle la forma de una pajarita, y se la había regalado a Mariela. Le había gustado Mariela desde que la conoció, con sus ojos azules y las piernas llenas de cardenales por ir chocándose con las cosas.

Huy, no notaba los pies. Los sentía adormecidos y no podía mover los dedos. Quizás sí se estaba muriendo, después de todo. Qué putada. Morir por una servilleta de bar en forma de pajarita que le había regalado a Mariela, estando su novio delante: un mastodonte de ciento veinte kilos, y brazos como pistones de locomotora, y piernas como columnas jónicas. No había cogido la broma. Los matones no entienden las bromas.

No, no estaba muerto. Se incorporó dolorosamente hasta la barra del bar, y usó una nueva servilleta para escupir la sangre. El matón no estaba allí. En su lugar, apretando una pajarita de papel arrugada, estaba Mariela.

No hay comentarios: