jueves, noviembre 01, 2012

La última y nos vamos



Odio ir de compras. Lo odio con una pasión sólo equiparable a la que me invade cuando se trata de franceses.

- Recaredo, hijo, no pongas esa cara. Ale, pruébate estos pantalones, que son muy bonitos.
- Pantalones no, Mamá, que ya tengo muchos.

Pero, sobre todo, odio ir de compras con mi madre. Y es que cuando uno rebasa la barrera de los treinta, se da cuenta de dos cosas: que nunca ha sabido elegir qué ponerse, y que hay que odiar mucho a tu hijo para ponerle de nombre Recaredo.

- Venga hijo, la última y nos vamos – me dice, acercándome la camisa más horrible de la tienda, una auténtica obra maestra del mal gusto.
- No me pienso poner eso.
- ¡Pero si es de las que se llevan ahora!
- ¡Claro que se las llevan, mamá, pero sin pagar!

No se puede discutir con tu madre. Así que cogí la camisa y entré a toda prisa en el probador, sin darme cuenta de que ya estaba ocupado. En aquél minúsculo cubículo, sentada en el pequeño taburete de la esquina, se sentaba una mujer de unos treinta años, vestida de forma completamente estrafalaria, que me hacía señas para que me mantuviera en silencio y no la delatara.
- Es que afuera me está esperando mi madre. Hola. Me llamo Hermenegilda, con hache. ¿A que es un nombre horrible, con hache?

Supe en ese momento que mis días de comprar ropa con mi madre estaban contados.

No hay comentarios: