martes, noviembre 20, 2012

Primadonnas

Mis labios apenas rozan sus dedos, pero mi mano, la que sostiene la que beso, nota que reprime un escalofrío. Quizás de placer, pero como mínimo de satisfacción. Cuando levanto la vista de esos delgados dedos de uñas perfectamente pintadas, me topo con una sonrisa capaz de salvar al Titanic mediante el siempre eficaz método de derretir el iceberg. Sobre ella, dos ojos enmarcados con lápiz de maquillaje que me encañonan, a punto de dispararme algo más letal que un trozo de plomo ardiente.
- Un placer, Cuentacuentos. Espero verle en el baile del Solsticio.

¿Y voy a tener que esperar hasta entonces?, pienso, mientras se da media vuelta y ella, y media docena de sicofantes, aspirantes a amante y fans la acompañan adondequiera que vaya.

La culpa es de Landelón, que sólo me presenta primadonnas. No sé si lo hace porque sabe que me gustan, o porque realmente sólo es capaz de no acostarse con esta clase de mujeres. Tienen mucha personalidad para él. O quizás él tenga demasiada para ellas. Sea como fuere, la verdad es que Diana Laguna, Ysabell Mylene, Juana de Gimeno, y la propia hija pequeña del Rey de Badar todas son damas dignas del apelativo de primadonnas.

- Te ha gustado, ¿eh? Ya no parece tan mala idea venir a Neral en invierno, ¿eh?
- Oh sí. Te odio por ello.
- Antes del solsticio de invierno te tendré que recordar su nombre, porque no creo que seas capaz de recordarlo ahora mismo. Hay gente que no lo olvida jamás. Se dice que una vez, usó un hierro al rojo blanco para marcar a uno de sus amantes más olvidadizos.

Pero lo peor es que, aunque no es necesario que sean poderosas o adineradas, es la actitud de la primadonna la que me pierde por completo. Una mujer que actúa no sólo como si lo quisiera todo en la vida, sino como si además lo mereciera. Mujer de núcleo triste, envueltas en elegancia, que adoran que las adores, que lucen una corona plateada que por lo visto sólo sus presas predilectas (esto es, gente como yo) pueden ver. Mujeres que son un gran problema para ti, lo sabes y no puedes evitarlo. Mujeres que son difíciles, pero siempre se las apañarán para explicarte que es culpa de otro. Generalmente, tuya.

- ¿No hay opción de verla antes? ¿Otra fiesta, otra gala, otra recepción?
- Esto no es Badar, Cuentacuentos. Aquí la crema, la nata, la pompa y el boato sólo se sacan a pasear en los festivos. El resto del tiempo, cada zapatero atiende sus zapatos.
- No son sus zapatos lo que me interesa volver a ver.

Y a pesar de todo, pareces sentir que un fleco de su vestido se ha enganchado en tu corazón, y cada vez que se alejan te van deshilachando por dentro, como si fueras un estúpido jersey de punto al que se le acaba el tiempo.

- Veré qué puedo hacer.

La promesa del Viajero, de repente, es suficiente.

No hay comentarios: