domingo, diciembre 30, 2012

No hay año malo

- Oye, Viajero, - le dije, levantando la copa de vino- ¿Por qué brindamos, antes de que se acabe el año?

Es una pregunta con trampa. Landelón sólo tiene un brindis: "porque se repita". Pero viene preparado.

- Por el 2012. Bien que hayas venido, pero mejor aún que te marches.

Doy un sorbo al tinto, intenso en el paladar y potente en la garganta. Y añado el corolario.

- Y no vuelvas.

jueves, diciembre 27, 2012

¿Pero a quién se le ocurre grabarme mientras le estaba comiendo la polla?


Me han pillado. Me han pillado, y cuando a una la pillan, bueno, pues no queda más remedio que asumir las consecuencias, y apechugar. 

Y mira que lo mío había sido una obra maestra del sigilo y la discreción. Nadie me vio venir. Nadie me esperaba allí, hasta que lo tenía todo al alcance de mi boca. 

Porque aquella polla, sí que era una polla bonita. Que era mirarla e imaginarme saboreando esa carne en mi boca. Mi madre me había advertido de pollas como esa. Por qué no le hice caso. Pero fue metérmela entera en la boca y ver la cámara. Me imaginé que a una distancia prudencial habría un becario de Biología, observando atentamente. ¿Pero a quién se le ocurre grabarme mientras le estaba comiendo la polla? ¡Con lo tímida que soy! 

Así que la escupí enseguida, y me fui corriendo de la granja. Luego dirán que el lince ibérico está en peligro de extinción.

viernes, diciembre 21, 2012

De poetas y cuentacuentos.

Sé que lo sabéis todos, pero cuando digo que no hago poesía, miento descaradamente. Eso sí, la considero de tan baja calidad, que no me gusta. Pero, y esto sí que es cierto, menos me gusta la de los demás. La hija pequeña del Rey de Badar dice que es porque leo la tinta. Cuando le digo que no entiendo, siempre replica que no le importa: que a ella le gusto así, un poco más ignorante de lo que tendría que ser.

La única poesía que recuerdo haber escrito con gozo fue la que tracé en su espalda desnuda con las yemas de mis dedos la noche del baile, cuando ella me conoció a mí. Quizás es porque no recuerdo las palabras que empleé, sino el sentimiento que usé para escribirla. Supongo que eso le pasa al resto de la gente, digo yo.

Que no leen la tinta, sino la pasión con la que fue escrita.

jueves, diciembre 20, 2012

Llovía, y sin embargo estaba deseando salir a la calle


Te lo dije. Mira que te lo dije: saca a tu perro a pasear. Si lo hubieras hecho, no estaríamos ahora en este lío. 

¿Te acuerdas de cómo nos conocimos? Yo aún salía con Sonia, y tú, oh, tú vivías ya con Jaime, que acababa de entrar en la Guardia Civil. Aquel día llovía, y sin embargo estaba deseando salir a la calle. Así que llamé a tu puerta, y le pedí a Jaime que me dejara sacar a su perro a pasear. Recuerdo su mirada agradecida, con ese brillo de sospecha de a quién se le hace de repente un favor, y no se le pide nada a cambio. 

Y nos fuimos bajo la lluvia, el viejo Sultán y yo. Cómo me gustaba ese perro. Cuando fui a devolverlo, fuiste tú la que me abrió la puerta, en un camisón de seda que insinuaba más que mostraba. 

La siguiente vez que nos vimos fue ya en el funeral de Sultán. Jaime me llamó para contármelo porque sabía que su perro me caía bien. `Mejor que yo’ solía bromear. Cómo se hubiera callado de haber sabido que era verdad. En el funeral fue cuando me dijiste tu nombre, y dos semanas después Sonia y yo habíamos roto. 

Más o menos por esas fechas te conseguiste el cachorro que nos metería en este aprieto. ‘Sácalo a pasear’, te dije ese día en el portal, ‘que es pequeño y se te meará en todas partes’. Pero no me hiciste caso, y cada día que no lo sacabas, el cachorro se subía a tu colchón, y se meaba en él. 

Para cuando el cachorro creció, tú te empezaste a aburrir de él, y de Jaime, y me empezaste a meter en tu cama por diversión. Y yo te ponía el requisito de que sacaras al perro, porque no respetaba que estuviéramos al lío, y más de un coitus interruptus se lo debo a aquel can incontinente. 

Pero claro, Jaime comenzó a sospechar de que cambiaras tanto las sábanas, de que no sacaras al perro a pasear, de que pasaras tanto tiempo en casa. 

Y llegó el día de hoy, cuando Jaime entró pistola en mano, alarmado por tus gritos de sorpresa cuando el perro nos interrumpió en pleno acto, y allí nos encuentra, perro, tú y yo sobre la cama. Y disparó. 

Casi deseé que fuera a mí. Pero no, no fue a mí. Ahora los tres llevaremos con vergüenza nuestra merecida fama. Él, asesino. Tú, infiel. Y yo, zoofílico.

martes, diciembre 18, 2012

No dudó en desenfundar la porra (y IV)


Cuando, en mitad del atraco, los delincuentes se distrajeron con una sombra oscura, no dudó en desenfundar la porra. Aquella noche saldría en todos los titulares: Arresta a dos atracadores, y a Batman.

martes, diciembre 11, 2012

No dudó en desenfundar la porra (III)


Desde aquella manifestación de septiembre en la que un camarero no dudó en desenfundar la porra y repartir grasientas bofetadas a diestro y siniestro, el agente García sólo desayunaba churros.

martes, diciembre 04, 2012

No dudó en desenfundar la porra (II)


Atacado su orgullo, no dudó en desenfundar la porra, como él la llamaba. Escogió mal el sitio: la convención de actrices y actores porno se mostraron poco impresionados.