lunes, enero 21, 2013

Escapadas de Fin de Año

Suspiré agotado mientras me dejaba caer en mi sofá. Habían sido un par de meses intensos, y necesitaba un descanso. Con la huída a Neral, la fiesta del Solsticio, el baile con la Primadonna, el descenso por el Dwat en el "Cuento de Navidad", la Navidad y el Año Nuevo, el cumpleaños de la Hija Pequeña del Rey de Badar y la vuelta a casa, necesitaba sentarme un rato y ordenar mis recuerdos, para intentar escribir algo nuevo.

El Extraño se asomó al salón, como temeroso de que le fulminara con una mirada letal.
- Has vuelto.
No lo pregunta. Sabe que es evidente, pero es su manera de iniciar una conversación.
- ¿Cómo han estado las cosas por aquí?
- Al principio revueltas. Luego la cosa se calmó. Pero te marchaste sin decir nada. Algunos hasta nos preocupamos.
- No es la primera vez que lo hago.
- No. No sería la primera vez que lo hace el Viajero. Tú avisas. Dejas notas. Mandas cartas. O escribes algo cuando tienes acceso a Internet. ¿Te fuiste en bata hasta Badar?
- Sólo hasta Neral. Ahí me cambié. Mira, lo siento, pero...
- Sé lo que vas a decir.
- ¿Qué?
- Oh venga. Vas a decirme que huiste de Tara, luego dirás que te sentías agobiado y que no estabas preparado para enfrentarte a ella la mañana siguiente. Pero de ahí a marcharte dos meses, ¿no crees que es pasarse un poco?
- Eso ha sonado extrañamente empático, viniendo de ti.
- Tuve ayuda.
- ¿Tara?
- Se ha pasado los dos meses aquí. Limpió el piso entero, en un ataque de histeria femenina. Hacía la compra. Hasta ordenó tu habitación.
- Me ordenaría la vida, si la dejara. Espera, ¿Tara, ordenando?
- Amontonó tus cosas por temática y las puso donde estuvieran estables. No es el sistema más eficiente, pero tu habitación comenzaba a parecer un criadero de gólems de ropa sucia que se alimentaban de libros y dejaban los restos por el suelo. De todas formas, creo que lo que quería era encontrar la carpeta en la que guardas los relatos.
- Está debajo de la cama, en un cajón de IKEA. Todo lo importante en la vida se puede guardar en un cajón de IKEA.
- Tara incluída.

Sonreí. Es bueno, volver a casa. Y el Extraño tiene razón, quizás fuera precipitada y un poco insensible la manera en la que me marché. Pero hay cosas que siento que tengo que hacer sin poder permitirme el pararme mucho a pensar. Dejarme llevar. Hacer lo que mis hígados me dicen que haga.

El Extraño suele decirme "Vive sin arrepentimientos, y luego enséñame cómo lo has hecho". Me parece un buen propósito de Año Nuevo.

Me despedí de él antes de meterme en mi cuarto. Si bien es cierto que se apreciaba cierto desorden organizado, la presencia de una mano femenina era evidente en la nueva distribución de la sala. Esto incluía, como tema central, a Tara en un pijama con estampado de ovejitas, sentada sobre mi cama, con mi carpeta de relatos en la mano.
- Tenemos que hablar, Cuentacuentos.

Y no tuve lugar donde huir.

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