martes, marzo 19, 2013

Se ha quedado buena noche


Aitxol levanta una ceja.
- ¿Qué quiere qué?
- Que le hagamos una pared. Aquí, en medio.
- ¿Y para qué quiere una pared?
- Pues que dice que en cuanto se despista, los vecinos le entran en tropel y le saquean todo.

Aitxol mira a su compañero de fatigas. Antxón y él se han cruzado medio mundo conocido haciendo cualquier trabajillo a cambio de unas monedas. Gracias al don de lenguas de Antxón, siempre encuentran a alguien que necesite algo. En este caso, un viejo apergaminado y bigotudo, vestido con una especia de bata gigante de andar por casa.
- ¿Y dónde la quiere?
- Eso es lo mejor. La quiere desde allí - Antxón señala al Sur, donde terminan las tierras del apergaminado - hasta a tomar por culo allá al Norte.
- ¿En las montañas?
- Por encima de las montañas.
- Ahivalahostia con el abuelo. ¿Y eso va a mantener a los vecinos fuera?
- Dice que es para mantenerlos dentro.
- Está de la olla. ¿Y lo vamos a hacer? Ni de coña.
El anciano los mira, expectante. Había oído hablar de este par, auténticas leyendas, los extranjeros facedores de maravillas. Tanto, que se ha memorizado una única frase en su ridículo y cacofónico idioma.

- No hay güevos.
- ¿Que no hay güevos? - Dice Aitxol - ¡¿Que NO HAY GÜEVOS?! Epa, Antxón, vamos. Que se ha quedado buena noche para hacerle una pared de la hostia al chino éste.

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