martes, septiembre 03, 2013

Mensajerías (I)

- Tienes correo.

El Viajero deja un montón de cartas sobre la mesilla, y se desploma en el sofá. Sí, claro que tengo correo. Llevo unos meses fuera, por si no os habíais dado cuenta. Estaría bien que fueran cosas apasionantes, tórridas aventuras amorosas, o viajes apasionantes.

Pero no lo es. Era trabajo. Cuentacuentos es un título, no una profesión, y con Landelón bebiéndose mi cerveza y comiéndose mi macarrones (en ocasiones, hasta tiene el detalle de prepararlos él), necesitaba rellenar mi menguante cuenta bancaria. Pero para qué seguir hablando de esto. Todos, en algún momento, nos hemos enfrentado a la amenaza de los números rojos.

Compruebo las cartas una a una hasta decidir cuáles abrir. Ni qué decir que muchas de ellas son recibos, facturas, propaganda o publicidad (la diferencia entre ambas es sutil, pero no importante). Dos de ellas me llaman la atención. Una de ellas es un sobre marrón, que contiene una carta escrita en una hoja de libreta arrancada. Es de una lectora. Me escribe desde hace poco más de un mes, pero es un soplo de aire fresco. Me recuerda a cuando empecé yo con todo esto. Es sentimental, enamoradiza, y pasional. Arde con un fuego que no se puede contener, pero que debe aprender a controlar. Tiene talento para forjar algo que permanezca en el tiempo. Por eso me gusta leer sus cartas. Es como mirar el interior de una forja, el martillo subiendo y bajando, y las chispas saltando al contacto. Sé que es cuestión de tiempo que todo eso que golpea termine por tener forma.

La otra carta huele a jazmín. Es de la hija pequeña del Rey de Badar.

Y no sé si quiero abrirla.