jueves, agosto 07, 2014

Cita romántica


A él le gustaba que los menús tuvieran fotografías de los platos.

Y a ella, enviarle fotografías de lo que había bajo su falda, desde el otro lado de la mesa.

sábado, julio 12, 2014

Entomoerrorfobia

Todos cometemos errores, me dice el Viajero. De hecho, pensamos que cometemos los más graves, y más que las demás personas. No obstante, somos los primeros en señalar los errores de los demás. Como si realmente pudiéramos quitarnos esa sensación de que los errores propios son más graves.
A veces los errores son evidentes, reconocibles desde el momento en el que los cometemos. Otras, los errores permanecen ocultos como las termitas en una mesa de madera, y solamente pasado el tiempo, cuando se nos parte una pata de la vida, advertimos que el momento en que empezó a carcomerse mucho, mucho antes. Pero ya es tarde. ¿Cómo arreglas una mesa carcomida? Aunque averigües que han sido las termitas, y las extermines por completo, el daño ya está hecho.

Puedes conseguir otra mesa. Pero en tu recuerdo permanecerá aquella vez que perdiste una mesa, esa que tanto te gustaba, por no darte cuenta en su momento que estabas cometiendo un error como termitas.

Y yo, que ya no sé cómo disculparme, que ya no sé cómo sentarme frente a una mesa que no sea la que he perdido, paseo torpemente por el IKEA, buscando algo que no sea la mesa que tanto me gustaba. Una de metal, que no se la puedan comer mis errores. Sabiendo, secretamente, que nunca me gustará tanto como la que perdí sin darme cuenta.

domingo, junio 08, 2014

Interrupturas

El Extraño se cruza con ella en las escaleras. Levanta la mano para saludar, pero ella pasa de largo y continúa su camino. Para cuando el Extraño llega a mi habitación, casi no se nota que ha habido una pelea.

- Acabo de ver salir a...
- Sí.- le interrumpo.- No creo que vuelvas a verla por aquí.
- ¿Otra?
- ¿Otra qué?
- Si voy a ver salir a otra dentro de tres meses.
- Cállate.
- Lo que tú digas. ¿Cuál ha sido la excusa esta vez?
- El problema con ella era el mismo que con la anterior: que ninguna de ellas era "Ella".
- ¿Cuál es exactamente tu problema con la hija pequ...?
- Ssssh. Ni la mentes.
- Si yo no la mento, tú lo lamentas. Habla.
- Ésta... me necesitaba. Era muy dependiente.
- Bueno. A ti te gusta que te necesiten.
- Me gusta que me necesiten mujeres que no me necesitan. Mujeres que no necesitan a alguien que las haga felices, sino alguien junto a quien ser felices.
- Pero entonces no te nece...
- ¡Ya lo sé! ¿Por qué crees que estoy así?
- Eres lo más femenino que he conocido siendo hombre.
- Eres lo más misógino que he conocido estando en este siglo.
- No hablemos de mí. O sea que además de enamoradizo e imbécil, te gusta que te necesiten mujeres tan independientes que no te necesitan. Eso es como decir que a ti el aceite te gusta mezclado con agua. Cuentacuentos, no puedes pasarte la vida buscando mujeres que no existen.
- Tampoco pido tanto. Una compañera vital que con la que también me lo pase bien en la cama. Y de momento, todas las que he conocido cumplen sólo la mitad de las condiciones.
- Voy a suponer que hablas desde la frustración, el enfado y la rabia y no voy a tomar en serio la cantidad de gilipolleces que estás diciendo.
- Algunas de las cuales mantendré cuando se me pase el enfado, pero nunca sabrás cuáles.
- O sí. Las sueles repetir más de lo que crees, Cuentacuentos. Ven, creo que tenemos aún tequila sobrante de cuando rompiste con la última. Bueno, ahora penúltima... 

sábado, junio 07, 2014

Conviversaciones


- Oye, Extraño
- Dime.
- ¿Te acuerdas de mi casa, en Pamplona?
- Sí.
- ¿Te acuerdas del Sofá para Clasificados?
- Sí.
- ¿No lo dejé allá?
- Así es.
- ¿Y por qué parece que me mude a donde me mude, lo tengo durmiendo en mi salón?
- Porque hace mucho que Landelón no viene para aquí.
- Tocado. Pues nada, habrá que traerle un cojín, o algo. Se le va a partir el cuello como siga durmiendo en esa postura.
- ¿Y lo divertido que resulta verlo ahí, hecho un escuerzo?
- Me lo imagino pagando un fisioterapeuta en menos de dos semanas.
- Yo prefiero imaginármelo respondiendo encuestas por la calle. "Describa su postura preferida para dormir":
- Sois un par de cabrones, ¿lo sabéis?
- Huy qué mono, se ha despertado. Extraño, ¿exactamente cuánto paga de alquiler?
- Creo que les da propina a los que nos traen paquetes a casa.
- Como para quejarse.
- Cabrones, o estoy llamando cabrones, y creo que me quedo corto.

lunes, abril 28, 2014

Dedos


Es frecuente emplear referencias a los labios o a los ojos como los artesanos del amor. Landelón y yo  pensamos que los auténticos peones del amor son los dedos.

Los dedos, los dedos son los que empiezan rozando dedos ajenos y haciendo saltar las primeras chispas de la pasión. Son los dedos los que buscan piel que acariciar en un intento de demostrar afecto cuando los labios aún no se han encontrado. Son los dedos los que desabrochan prendas en la intimidad, quienes revuelven el pelo y rozan mejillas, labios y cuellos.

Dedos impacientes, dedos temblorosos, dedos que corretean salvajes por tu piel como animales en la estepa, dedos que tropiezan, se deslizan, te rodean y te atrapan. Dedos, que buscan el gemido para provocarlo, para cazarlo, que buscan las más profundas humedades donde zambullirse y perderse.

Seguid componiendo poemas de amor a los ojos y a los labios, que yo me quedo con el magnífico trabajo que para él hacen los dedos.

sábado, abril 12, 2014

Suturas

La desembocadura del Dwat huele a salado y a algas podridas. Hoy la brisa sopla hacia el sur, alejando el olor de nosotros. Landelón prepara ceviche con su navaja. Yo tengo un libro en las manos.

- Deja de pensar en ella. No ayuda.
- No estoy pensando en ella.
- Esa página debe ser muy interesante. Llevas quince minutos en ella.
- Cállate.

Estoy malhumorado. Llevo un tiempo malhumorado. No se me pasa. Generalmente me basta un viaje, un par de cuentos, o algún juego idiota, y se me va de la cabeza. Pero por alguna razón, de un tiempo a esta parte no me quito el sabor gris de la boca.

- ¿Cómo lo haces? ¿Cómo lo consigues?
- Sigo adelante, Cuentacuentos.
- Yo también.
- Estás dejando muchísima parte de ti atrás. Con ella.

Se dice que si superar es pasar por encima de un problema, huir es dejarlo atrás. A la espera de que no vuelva, de que no te toque, que no reabra las heridas que con tanto cuidado has tratado de curar.

- No veo nada malo en eso. Dejo la parte de mí que siempre será suya.
- Te conviertes a ti mismo en un monstruo. Estás hecho pedazos, y cosido con puntos de sutura a base de esperanza y autoengaño. Una especie de monstruo de Frankenstein emocional, que no se viene abajo sólo porque la sutura sigue ahí.
- Sigo sin ver el lado malo.

Me señala con la navaja con la que está preparando el ceviche, y hace un gesto de abajo arriba, como destripándome.

- Ahora imagínate ese ser abrazando a una mujer hecha de filos. Aguda, inteligente, tenaz, valiente y hermosa. Cada virtud que tenga te hará saltar los puntos y te desmontará entero.
- Una mujer así haría pedazos a cualquiera.
- Preferiría que estuvieras entero. Sólo para que ella tuviera que poner esfuerzo para no hacerte daño.

Me he perdido en la metáfora. Por eso Landelón habla y habla y habla, y de todo lo que dice yo escribo sólo una parte. La inteligible. La que habla de cómo me cuesta mantenerme entero en la ausencia de la hija pequeña del Rey de Badar y en cuánto desearía volver a verla.

- ¿Y cómo dices que se llama esa mujer?
- Mary Shelley, imbécil - dice, exprimiento limón sobre el marisco troceado. - Es cuestión de tiempo que encuentres a una mujer que te haga sentir un monstruo hermoso.

miércoles, enero 29, 2014

El postre de un menú de perdices.


Un hecho poco conocido es que Blancanieves se encuentra refugiada en Badar, huyendo de un matrimonio condenado desde el primer beso.

Y es que a partir de aquel momento, su marido sólo la besa cuando ella está dormida.

lunes, enero 20, 2014

Podría ser una noche cualquiera.

- Escuchad, escuchad.

Landelón, haciendo ademanes con la mano que sostiene la cerveza mientras trata de llamar la atención del resto de la mesa. El resto de la mesa con Yanroud, que lleva cinco copas de las que ha pagado tres, el Extraño, al que no se le nota afectado a pesar de que ha bebido como para derribar a un marinero noruego, y yo, que llevo tres minutos mordisqueándome los dedos porque los noto entumecidos del alcohol. El local olería a humanidad y cerveza, si alguno de nosotros conservara el sentido del olfato a estas alturas de la noche.

- Escuchad. Cuando una mujer te besa, es como si saltara la chispa que prende una cerilla. Sí, ese fogonazo inicial, ese arder repentino de las cosas.
- Sí - añade Yanroud - Y si no sueltas la cerilla a tiempo, te quemas. Que nos ha pasado a todos.
- A todos no - dice el Extraño.
- Pero si, pero si, escuchad, pero si usáis ese fogonazo para encender una vela, es que os habéis metido en una relación. Las velas son como relaciones, brillan mucho tiempo pero te terminas deshaciendo en ellas.
- Mejor que quemarte, ¿no? Que consumirte como una cerilla...
- Ahí está el Cuentacuentos y su romanticismo. ¿Qué ocurre cuando la vela se agota? Que de ella no queda nada, solo un churretón de cera pegada a la mesa. Pero hay muchas, muchas más cerillas en la caja. Muchas más velas que encender. Sed fósforos, amigos míos, y no velas.
- No le veo sentido. Además, no has especificado el tamaño de la vela. Con una vela lo suficientemente grande habría años de relación antes de empezar a notal el desgaste. Hay cirios que duran encendidos años. Los venden en el cementerio

Hay un momento de silencio mientras toda la mesa mira al Extraño, que contempla el fondo de su octavo vaso con los ojos vacíos. El Extraño, que siempre había afirmado que la gente se juntaba en subgrupos de orden dos (esto es, parejas -aclaraba al que no lo entendía) sólo porque la tradición así lo mandaba. El que reducía el amor a meras reacciones químicas (como el dolor -añadía- no puede ser coincidencia). Y ahora defendía una visión romántica del asunto.

- Extraño, nunca dejarás de sorprenderme.
- Gracias, Cuentacuentos, aunque no entiendo a qué viene.
- Nunca antes habías sido defensor de las relaciones a largo plazo. Quizás tanto tiempo con la Cita te ha cambiado.
- No estaba defendiendo las relaciones. Sólo demostraba al Viajero que su metáfora era imprecisa, como poco. Incorrecta, en todo caso.
- ¡Yyyy ya está de vuelta! - grita, alegre, Yanroud. - ¡Siguiente tema de conversación, por favor!

Landelón hace ademanes con la mano de la cerveza

- ¡Lo tengo! Escuchad, escuchad...