lunes, enero 20, 2014

Podría ser una noche cualquiera.

- Escuchad, escuchad.

Landelón, haciendo ademanes con la mano que sostiene la cerveza mientras trata de llamar la atención del resto de la mesa. El resto de la mesa con Yanroud, que lleva cinco copas de las que ha pagado tres, el Extraño, al que no se le nota afectado a pesar de que ha bebido como para derribar a un marinero noruego, y yo, que llevo tres minutos mordisqueándome los dedos porque los noto entumecidos del alcohol. El local olería a humanidad y cerveza, si alguno de nosotros conservara el sentido del olfato a estas alturas de la noche.

- Escuchad. Cuando una mujer te besa, es como si saltara la chispa que prende una cerilla. Sí, ese fogonazo inicial, ese arder repentino de las cosas.
- Sí - añade Yanroud - Y si no sueltas la cerilla a tiempo, te quemas. Que nos ha pasado a todos.
- A todos no - dice el Extraño.
- Pero si, pero si, escuchad, pero si usáis ese fogonazo para encender una vela, es que os habéis metido en una relación. Las velas son como relaciones, brillan mucho tiempo pero te terminas deshaciendo en ellas.
- Mejor que quemarte, ¿no? Que consumirte como una cerilla...
- Ahí está el Cuentacuentos y su romanticismo. ¿Qué ocurre cuando la vela se agota? Que de ella no queda nada, solo un churretón de cera pegada a la mesa. Pero hay muchas, muchas más cerillas en la caja. Muchas más velas que encender. Sed fósforos, amigos míos, y no velas.
- No le veo sentido. Además, no has especificado el tamaño de la vela. Con una vela lo suficientemente grande habría años de relación antes de empezar a notal el desgaste. Hay cirios que duran encendidos años. Los venden en el cementerio

Hay un momento de silencio mientras toda la mesa mira al Extraño, que contempla el fondo de su octavo vaso con los ojos vacíos. El Extraño, que siempre había afirmado que la gente se juntaba en subgrupos de orden dos (esto es, parejas -aclaraba al que no lo entendía) sólo porque la tradición así lo mandaba. El que reducía el amor a meras reacciones químicas (como el dolor -añadía- no puede ser coincidencia). Y ahora defendía una visión romántica del asunto.

- Extraño, nunca dejarás de sorprenderme.
- Gracias, Cuentacuentos, aunque no entiendo a qué viene.
- Nunca antes habías sido defensor de las relaciones a largo plazo. Quizás tanto tiempo con la Cita te ha cambiado.
- No estaba defendiendo las relaciones. Sólo demostraba al Viajero que su metáfora era imprecisa, como poco. Incorrecta, en todo caso.
- ¡Yyyy ya está de vuelta! - grita, alegre, Yanroud. - ¡Siguiente tema de conversación, por favor!

Landelón hace ademanes con la mano de la cerveza

- ¡Lo tengo! Escuchad, escuchad...

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