sábado, abril 12, 2014

Suturas

La desembocadura del Dwat huele a salado y a algas podridas. Hoy la brisa sopla hacia el sur, alejando el olor de nosotros. Landelón prepara ceviche con su navaja. Yo tengo un libro en las manos.

- Deja de pensar en ella. No ayuda.
- No estoy pensando en ella.
- Esa página debe ser muy interesante. Llevas quince minutos en ella.
- Cállate.

Estoy malhumorado. Llevo un tiempo malhumorado. No se me pasa. Generalmente me basta un viaje, un par de cuentos, o algún juego idiota, y se me va de la cabeza. Pero por alguna razón, de un tiempo a esta parte no me quito el sabor gris de la boca.

- ¿Cómo lo haces? ¿Cómo lo consigues?
- Sigo adelante, Cuentacuentos.
- Yo también.
- Estás dejando muchísima parte de ti atrás. Con ella.

Se dice que si superar es pasar por encima de un problema, huir es dejarlo atrás. A la espera de que no vuelva, de que no te toque, que no reabra las heridas que con tanto cuidado has tratado de curar.

- No veo nada malo en eso. Dejo la parte de mí que siempre será suya.
- Te conviertes a ti mismo en un monstruo. Estás hecho pedazos, y cosido con puntos de sutura a base de esperanza y autoengaño. Una especie de monstruo de Frankenstein emocional, que no se viene abajo sólo porque la sutura sigue ahí.
- Sigo sin ver el lado malo.

Me señala con la navaja con la que está preparando el ceviche, y hace un gesto de abajo arriba, como destripándome.

- Ahora imagínate ese ser abrazando a una mujer hecha de filos. Aguda, inteligente, tenaz, valiente y hermosa. Cada virtud que tenga te hará saltar los puntos y te desmontará entero.
- Una mujer así haría pedazos a cualquiera.
- Preferiría que estuvieras entero. Sólo para que ella tuviera que poner esfuerzo para no hacerte daño.

Me he perdido en la metáfora. Por eso Landelón habla y habla y habla, y de todo lo que dice yo escribo sólo una parte. La inteligible. La que habla de cómo me cuesta mantenerme entero en la ausencia de la hija pequeña del Rey de Badar y en cuánto desearía volver a verla.

- ¿Y cómo dices que se llama esa mujer?
- Mary Shelley, imbécil - dice, exprimiento limón sobre el marisco troceado. - Es cuestión de tiempo que encuentres a una mujer que te haga sentir un monstruo hermoso.

3 comentarios:

Aaricia dijo...

Mal consejo da Landelón. Como espere el Cuentacuentos que sea alguien distinto a él mismo quien consiga curarle... De todas formas, puede estar relativamente tranquilo. Mujeres como esas que describe el Viajero, no existen.

P.D. Revisa cómo has escrito el nombre del monstruo.

Aaricia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Esther Pérez dijo...

No tiene que tener miedo de que alguien lo desmonte. Quizá ella está cansada de que sus filos se doblen contra una armadura, y tiene ganas de coser, despacio...de no ser peligrosa, de redimirse.