sábado, julio 12, 2014

Entomoerrorfobia

Todos cometemos errores, me dice el Viajero. De hecho, pensamos que cometemos los más graves, y más que las demás personas. No obstante, somos los primeros en señalar los errores de los demás. Como si realmente pudiéramos quitarnos esa sensación de que los errores propios son más graves.
A veces los errores son evidentes, reconocibles desde el momento en el que los cometemos. Otras, los errores permanecen ocultos como las termitas en una mesa de madera, y solamente pasado el tiempo, cuando se nos parte una pata de la vida, advertimos que el momento en que empezó a carcomerse mucho, mucho antes. Pero ya es tarde. ¿Cómo arreglas una mesa carcomida? Aunque averigües que han sido las termitas, y las extermines por completo, el daño ya está hecho.

Puedes conseguir otra mesa. Pero en tu recuerdo permanecerá aquella vez que perdiste una mesa, esa que tanto te gustaba, por no darte cuenta en su momento que estabas cometiendo un error como termitas.

Y yo, que ya no sé cómo disculparme, que ya no sé cómo sentarme frente a una mesa que no sea la que he perdido, paseo torpemente por el IKEA, buscando algo que no sea la mesa que tanto me gustaba. Una de metal, que no se la puedan comer mis errores. Sabiendo, secretamente, que nunca me gustará tanto como la que perdí sin darme cuenta.

1 comentario:

Letichan dijo...

Me ha gustado mucho esta entrada. Añadiría el detalle de que a veces no es que no veamos los errores hasta que es demasiado tarde; es que nos negamos a verlos.

Tu escritura ha madurado y mejorado con el tiempo. Bravo.